SOMOS POLVO DE ESTRELLAS

SOMOS POLVO DE ESTRELLAS

10 de septiembre de 2011

MUERTE UNIVERSO

El universo es un complejo de fenómenos de magnitud que el hombre busca resolver mediante la ciencia. Hoy se sabe que empezó hace uno 13700 millones de años. A partir de allí se encuentra en un proceso de expansión y es aquí donde aparece el concepto de espacio tiempo. A modo de ejemplo: cuando inflamos una bomba, el estiramiento de sus componentes elásticos va alejando todos aquellos, hasta que llega un momento en que ya no es posible más expansión y revienta. Algo similar ocurre con el universo actual.

En cada uno de los confines se encuentran unos cúmulos de soles o estrellas y muchos de estos tienen planetas girando alrededor. Estos cúmulos son las llamadas galaxias y nosotros pertenecemos a la galaxia de la vía láctea.

El hombre hace parte de aquel universo, de aquel engranaje de fenómenos y de leyes que lo determinan. Frente a la vastedad de este océano cósmico al ser humano le preocupa su muerte, su propia muerte como ser biológico, pero en la comprensión del cosmos, los fenómenos se dan, se construyen y se destruyen en el espacio tiempo.

De las nebulosas, conjunto de gases estelares y de fragmentos, siguiendo leyes universales, nacen nuevas estrellas, nuevos planetas. Todo parece un eterno retorno. A nuestro sol le queda una vida de unos 5000 millones de años, en su fin se convertirá en un cuerpo frío que explotará y sus gases o componentes finales serán la materia prima para el nacimiento de otra estrella.

Parece que la muerte no existe en el universo, todos sus elementos o componentes pasan de un ser a un no ser y de no ser a ser. Es una eterna transmutación en donde ocurren colisiones severas, estallidos de luz y manifestaciones violentas que se traducen en descargas inmensas de energía. En otros términos el universo respira y se reacomoda en su proceso de expansión.

En un respiro del cosmos apareció la vida en la tierra; somos consecuencia del polvo de las estrellas. Hubo un día en que la materia tomó conciencia de sí misma y apareció el hombre. En el momento actual se mueve buscando las autopistas del cielo, los caminos por donde se manifiesta la naturaleza.

Sabemos que nuestro cuerpo está formado por carbono y otros elementos que se han cocinado en las estrellas. Hemos recibido de su fin y de su proceso de reiniciación universal todo el material y la energía para comprender su magnitud y entender que el universo existe.

Hoy podemos aceptar nuestro origen a partir de la gran explosión generada en el Big Bang, teoría que ha sido confirmada por la ciencia. El universo se expandió a partir de un volumen infinitamente pequeño pero con densidad y temperaturas muy altas.

En esta tierra, como habitante, me identifico con Terry Pratchett: “En el principio no había nada, entonces explotó”. Me afianzo en el concepto inicial: la muerte no existe en el universo porque la nada explotó para nacer nuevamente.

26 de agosto de 2011

HOMBRE SOCIO ETICO

La palabra ética proviene del griego “ethos” que significa costumbre, es el estudio de los actos humanos, no como son si no como deberían ser. Es una rama de filosofía, que trata de la moral y de las obligaciones que rigen el comportamiento del hombre en la sociedad.

Es una decisión interna y libre que lleva al hombre a su perfeccionamiento personal. La ética es universal, es la moralidad de nuestra propia conciencia. Las personas se conducen solas a partir de su propia ética, es decir que la ética es racionalidad (el ejercicio uso de la razón).

Hoy en día las sociedades se desarman producto de la pérdida de ética como consecuencia de acciones que son contrarias a los ideales de un individuo.

Los códigos éticos nos enseñan a comportarnos en la vida, y a discernir entre lo que es correcto e incorrecto. Para determinar lo que es correcto y lo que no, la ética nos brinda una serie de principios:

•Principio de Solidaridad: promover el bienestar de todos los seres humanos y no solo el propio.
•Principio de Equidad: debemos forzarnos a actuar inteligentemente y consecuentemente.
•Principio de Abstenerse de elegir dañar a un ser humano: debemos diferenciar entre elegir y aceptar para no destruir la identidad de los demás.
•Principio de Eficiencia: consiste en utilizar las herramientas idóneas para lograr un objetivo, además de esforzarse para conseguirlo.
•Principio de la Responsabilidad del papel que hay que desempeñar: nuestras responsabilidades van ligadas a la capacidad, compromiso, circunstancias y roles específicos que debemos descubrir y ponerlos al servicio de la sociedad.
•Principio de Aceptación de los efectos colaterales: debemos aceptar las consecuencias de nuestros actos ya que los mismos pueden producir efectos colaterales.
•Principio de Cooperación en la inmoralidad: en ciertas ocasiones debemos participar materialmente de ciertos actos inmorales de otras personas, aun sin estar de acuerdo con el accionar de aquellas.

EL PROBLEMA ETICO

Con la palabra “problema” designamos básicamente dos cosas, a saber:
•Problema como sinónimo de algo que no está bien, que es una dificultad, un tropiezo.
•Como sinónimo de reto, de interrogante, a una pregunta interesante y difícil.

Vale la pena señalar, además, que en la idea de problema encontramos siempre aspectos positivos y negativos implicados. Es decir, un problema es a la vez negativo y positivo. El hombre no tiene que resignarse y aceptar pasivamente un problema, sino que tiene la opción de superarlo y aprender de él. Ahora bien, si la vida del hombre no tuviera problemas nuestra existencia no sería un reto, una tarea. El lado positivo de los problemas, es entonces, que nos sirven para superarnos, para enfrentarnos a ciertos retos logrando satisfacciones cuando logramos resolverlos.

DEFINICION DE ETICA Y MORAL

Designamos con la palabra “ética” el comportamiento, la conducta y el actuar de hombre en cuanto hombre. Y con “moral” el aspecto práctico y concreto, las normas establecidas o propuestas por los hombres, o por una sociedad y época histórica determinadas. La ética es, pues, aquella instancia desde la cual juzgamos y valoramos la forma como, de hecho”, se comporta el hombre y, al mismo tiempo, la instancia desde la cual formulamos principios y criterios acerca de cómo debemos comportarnos y hacia dónde debemos dirigir nuestra acción.

FUNDAMENTACION ANTROPOLOGICA DE LA ETICA

El ser humano no es un dato, un objeto entre otros susceptible de ser agotado en descripciones y definiciones; escapa a la inteligibilidad propia del universo de los cuerpos y sin embargo nos plantea la necesidad de un nuevo y más amplio campo de intelecciones. En esa tarea en que el hombre se articula y constituye como punto virtual donde se cruzan los hilos del universo es donde se fundamentan las raíces de la ETICA.

13 de agosto de 2011

LA PARADOJA DE NUESTRO TIEMPO

La paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios más altos y temperamentos más reducidos, carreteras más anchas y puntos de vista más estrechos. Gastamos más pero tenemos menos, compramos más pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más chicas, mayores comodidades y menos tiempo. Tenemos más grados académicos pero menos sentido común, mayor conocimiento pero menor capacidad de juicio, más expertos pero más problemas, mejor medicina pero menor bienestar.

Bebemos demasiado, fumamos demasiado, despilfarramos demasiado, reímos muy poco, manejamos muy rápido, nos enojamos demasiado, nos desvelamos demasiado, amanecemos cansados, leemos muy poco, vemos demasiada televisión y oramos muy rara vez.

Hemos multiplicado nuestras posesiones pero reducido nuestros valores. Hablamos demasiado, amamos demasiado poco y odiamos muy frecuentemente.

Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir. Añadimos años a nuestras vidas, no vida a nuestros años. Hemos logrado ir y volver de la luna, pero se nos dificulta cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino. Conquistamos el espacio exterior, pero no el interior. Hemos hecho grandes cosas, pero no por ello mejores.

Hemos limpiado el aire, pero contaminamos nuestra alma. Conquistamos el átomo, pero no nuestros prejuicios. Escribimos más pero aprendemos menos. Planeamos más pero logramos menos. Hemos aprendido a apresurarnos, pero no a esperar. Producimos computadoras que pueden procesar mayor información y difundirla, pero nos comunicamos cada vez menos y menos.

Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta, de hombres de gran talla y cortedad de carácter, de enormes ganancias económicas y relaciones humanas superficiales. Hoy en día hay dos ingresos pero más divorcios, casas más lujosas pero hogares rotos. Son tiempos de viajes rápidos, pañales desechables, moral descartable, acostones de una noche, cuerpos obesos, y píldoras que hacen todo, desde alegrar y apaciguar, hasta matar. Son tiempos en que hay mucho en el escaparate y muy poco en la bodega. Tiempos en que la tecnología puede hacerte llegar esta carta, y en que tú puedes elegir compartir estas reflexiones o simplemente borrarlas.

Acuérdate de pasar algún tiempo con tus seres queridos porque ellos no estarán aquí siempre.

Acuérdate de ser amable con quien ahora te admira, porque esa personita crecerá muy pronto y se alejará de ti.

Acuérdate de abrazar a quien tienes cerca porque ese es el único tesoro que puedes dar con el corazón, sin que te cueste ni un centavo.

Acuérdate de decir te amo a tu pareja y a tus seres queridos, pero sobre todo dilo sinceramente. Un beso y un abrazo pueden reparar una herida cuando se dan con toda el alma.

Acuérdate de tomarte de la mano con tu ser querido y atesorar ese momento, porque un día esa persona ya no estará contigo.

Date tiempo para amar y para conversar, y comparte tus más preciadas ideas.
Y siempre recuerda:

La vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento, sino por los extraordinarios momentos que nos lo quitan.

GEORGE CARLIN

30 de julio de 2011

TENGO QUE DECIR

El paso de los años, el paso del tiempo, el paso permanente del pasado al presente, y del presente al futuro nos agobia. Somos criaturas eminentemente susceptibles al concepto del tiempo. Vagamos, porque sí, en el espacio y en el tiempo.

En el trascender de la existencia somos seres vulnerables y débiles ante el universo que nos rodea. Somos el producto de racionalismos y de sentimientos. Pertenecemos al mundo conciente que nos permite contar los años y descubrir que tenemos menos tiempo para vivir.

Vivimos el mundo de las mediocridades, de los manejos acomodados y en eso nos gastamos la vida. Pero cada vez, tenemos menos tiempo para lidiar con las mediocridades. El espíritu actual de las reuniones para resolver todo, desfigura nuestro ego y nuestras potencialidades de construcción de un orden social.

En todo momento aparecen fuerzas extrañas, internas o externas, que distorsionan la realidad. Los que practican la envidia, tratan de desacreditar a los más capaces para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.

Debemos aceptar las situaciones que nos dejan una lección a partir del manejo de la verdad. Cada momento nos recorta la posibilidad de superación y con esto quedamos bien con los demás. A veces somos débiles para soportar los melindres de personas que, a pesar de su edad, son unos inmaduros. Por eso es importante vivir al lado de gente humana, muy humana; que sepa reír de sus errores, que no se envanezca con sus triunfos, que no se considere electa antes de ahora, que no huya de sus responsabilidades.

He aquí el reto de nuestra existencia: Caminar junto a cosas y personas de verdad, disfrutar de un afecto absolutamente sin fraudes. Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena. Tenemos el compromiso de rodearnos de gente que sepa tocar el corazón de las personas. Que canten, bailen, rían y se aventuren más.

Debemos sentir que la vida nos pertenece y que aun disfrutamos de ella. Un día ya no estaremos y antes de esta realidad tenemos el compromiso de enrutar a las generaciones que nos suceden por el sendero de la comprensión y del aporte de soluciones a las sociedades futuras.

El tiempo no se puede atrapar, mucho menos almacenar. Nuestra existencia transcurre a gran velocidad, pero mientras tengamos vida, tenemos la oportunidad de sentir a nuestros semejantes, de vibrar con ellos, como forma de una mejor calidad de vida, de aprovechar cada latido de nuestro corazón.

Tomo un momento de la existencia para hacer una reflexión. La vida hay que vivirla plenamente y aprovechar de la naturaleza las ventajas que nos da, porque sin saberlo ésta también puede ocultar nuestra conciencia del universo. Hoy es un día y cada día lleva su afán. Trascendamos en el afán de cada día con plenitud y confianza.

21 de julio de 2011

DEMOCRACIA: PRINCIPIOS RECTORES

El término "democracia", se refiere al "demos-kratos" (demos = pueblo, kratos = gobierno). La democracia floreció en la Antigua Grecia, específicamente en la Atenas del siglo V a. C. (el siglo de Pericles). Por ello se le denomina frecuentemente como democracia ateniense. Tuvo una vida relativamente prolongada en comparación con las democracias liberales actuales, pues puede hablarse de período democrático en Atenas desde las reformas de Clístenes alrededor de 510 a. C. hasta la supresión de las instituciones democráticas a causa de la hegemonía macedonia en 322 a. C. También hay que citar como antecedente al sistema timocrático establecido en Atenas por la Constitución de Solón en el año 594 a. C. (5)

PARA CONSTRUIR ENTRE TODOS UN ORDEN SOCIAL DONDE TODOS PODAMOS SER FELICES (1)

Bernardo Toro A. (2) en su trabajo publicado en Caja de Herramientas # 141 establece conceptos sobre la Democracia. Bogotá. julio de 2011

Un(a) líder social y comunitario(a) que tiene como propósito contribuir a la construcción del Estado Social de Derecho (el proyecto de nación), requiere poseer una comprensión y un discurso sólido, sencillo y estructurado acerca de la democracia.

La democracia no es una ciencia, no es un dogma, no es un partido, no es una política. La Democracia es una forma de ver el mundo; es un modo de ser, una forma de vivir y de estar en el mundo. En una palabra, la Democracia es una Cosmovisión.

Toda cosmovisión es una forma de ordenar el mundo. Cuando una cosmovisión es compartida por muchos, es una cosmovisión social y produce cohesión. Por ejemplo, el cristianismo es una cosmovisión que propone aceptar que el mundo es creado por un ser superior y que el otro es mi hermano. El islamismo, el capitalismo, el marxismo… son otras cosmovisiones. Y esas cosmovisiones penetran e influyen toda la vida, el pensamiento, las relaciones privadas y públicas.

La democracia no es natural al ser humano. Es un invento que ocurrió hace 2.500 años, en la Grecia antigua. Y como toda creación humana puede prosperar, perecer y volver a aparecer. Los griegos crearon las ideas democráticas, occidente las heredó y con el correr de los tiempos estos ideales fueron asumidos por otras culturas (3).

“La democracia no sólo es una verdad en construcción. Es ante todo un “ethos”, un modo de ser, también en construcción, con base en vivencias valorativas. No se puede pensar en ser demócrata cuando no se ha experimentado el valor de la solidaridad, del altruismo, de la responsabilidad social, del espíritu cívico, del respeto por los bienes comunes y, ante todo, el respeto por la persona humana” (4).

Por ser una construcción continua, la democracia es como el amor: no se puede comprar, no se puede decretar… sólo se puede vivir y construir. Nadie le puede dar la democracia a una sociedad. La democracia es una decisión que toma la sociedad. Y esa fue la decisión que tomamos en la Constitución de 1991: construir el Estado Social de Derecho.

Por ser la democracia una cosmovisión, lo penetra todo. Las ideas democráticas conducen a preguntarnos acerca de cómo construir matrimonios democráticos y relaciones de pareja democráticas; familias, empresas y sindicatos democráticos; cómo es un partido y un Estado democrático.

Por ser la democracia una cosmovisión no se construye sobre leyes, sino sobre principios de orden ético, que nos orientan en la construcción del proyecto democrático:

•El principio de Secularidad
•El principio de Autofundación
•El principio de Incertidumbre
•El principio Ético
•El principio de la Complejidad
•El principio de Lo Público

Por ser la democracia una construcción, el contenido de estos principios se ha ido elaborando a través del tiempo. Unos surgieron en Grecia y otros, como el principio ético y el de lo público, son más recientes.

PRINCIPIO DE SECULARIDAD

Todo orden social es construido. El orden social no es natural, por eso son posibles las transformaciones en la sociedad.

La democracia es un invento del ser humano. El ser humano se inventó la sociedad, por consiguiente ningún orden social es de origen divino o externo a la voluntad de las personas que lo asumen.
Todo orden social es construido; por lo tanto, todo orden social puede ser transformado por la misma voluntad de quienes lo construyeron. La democracia es una opción de sociedad que expresa una forma de ver, interpretar y ordenar el mundo en función del respeto por los Derechos Humanos.

Una sociedad Democrática:

•Acepta que su orden social es construido entre todos.
•Percibe a sus ciudadanos como fuente y como creadores de ese orden.
•Tiene conciencia de que los ciudadanos pueden modificar el orden social.
•Convierte los problemas en oportunidades, a través del debate y la deliberación pública entre los ciudadanos.

PRINCIPIO DE AUTOFUNDACION

La democracia es un orden que se caracteriza porque las Leyes y las normas son construidas o transformadas por las mismas personas que las van a vivir, cumplir y proteger.

La democracia es una decisión de la sociedad. La principal característica de la democracia es que, en ella, las Leyes y las normas son construidas o transformadas precisamente por las mismas personas que las van a vivir, cumplir y proteger.

Esto significa que la democracia es el espacio por excelencia de la libertad, puesto que ésta sólo es posible cuando resulta del mutuo acuerdo de cumplir y respetar aquello que fue producto de una decisión libre, es decir, de un acuerdo fundado colectivamente. Una sociedad empieza a ser libre y autónoma cuando ella misma es responsable de haberse dado el orden social y político que quiere vivir, cumplir y proteger para la dignidad de todos.

La democracia es un orden autofundado: son las mismas personas que conforman la sociedad quienes deciden el orden que aceptan para vivir y quienes lo transforman cuando lo consideran conveniente. Por eso la democracia requiere de la participación de todos los miembros de la sociedad.

Este principio es la base de la gobernabilidad, la ética, la creatividad, la autonomía, la libertad, la participación y la representatividad. La convivencia democrática empieza cuando la sociedad aprende a autofundar su orden social.

PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE

No existe un modelo ideal de democracia que podamos copiar o imitar: a cada sociedad le toca crear su propio orden democrático. La democracia es una construcción cotidiana. Como forma de ver, interpretar y ordenar el mundo, la democracia es una cosmovisión. Las cosmovisiones tienen la particularidad de que conservándolo todo, lo ordenan todo de otra manera.

Nadie, externo a ella, puede darle a ninguna sociedad su cosmovisión democrática, pues ésta es una decisión que toma la sociedad. Esta es una decisión que lo afecta todo, lo pregunta todo:

¿Cómo son las instituciones democráticas?
¿Cómo son las empresas democráticas?
¿Cómo son las organizaciones democráticas, los partidos democráticos, las familias democráticas?

La construcción de la democracia necesariamente afecta a toda la sociedad. Es posible aprender de la experiencia de otras sociedades, pero a cada sociedad le corresponde construir su propio orden democrático a partir de su historia, de su conocimiento, de su tradición y de su memoria; a partir de lo que es, de lo que tiene y de la manera como es capaz de proyectarse.

Puesto que nadie sabe cómo es el orden social perfecto, ni la familia perfecta, ni la institucionalidad perfecta, es necesario trabajar todos los días en su construcción: en esto consiste el principio de incertidumbre.

PRINCIPIO ETICO

Aunque no existe un modelo ideal de democracia, todo orden democrático está orientado a hacer posibles los Derechos Humanos y a cuidar y proteger la vida.

La democracia es el proyecto de la dignidad humana. El Proyecto de Humanidad contenido en la promulgación de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” el 10 de diciembre de 1948, constituye el norte ético del Proyecto Democrático. Un orden social se autofunda democrático si contribuye a hacer posibles, para todos, los derechos humanos y la vida, es decir, si se compromete con la Dignidad Humana.

Esto significa que el respeto por los Derechos Humanos no debe entenderse como norma sino como una manera de vivir y una forma de ser; como criterios que conducen a elegir siempre lo que le conviene a la vida digna de todos.

El principio ético propone una pregunta básica:

¿Cómo pueden los Derechos Humanos convertirse en principio ordenador de las relaciones sociales, de la política, de la economía, de la cultura, en pocas palabras, en principio ordenador de la vida social? El reto es radical: sólo es posible construir la democracia en una sociedad que se construya a sí misma sobre la lógica de los Derechos Humanos.

PRINCIPIO DE LA COMPLEJIDAD

El conflicto, la diversidad y la diferencia son constitutivos de la convivencia democrática. La democracia es incluyente de todos los intereses.

Para la democracia, la paz no es la ausencia de conflictos; la paz es el resultado de una sociedad que es capaz de aceptar reglas para dirimir el conflicto sin eliminar al otro (ni física, ni sociológica, ni psicológicamente), porque en la democracia no existen los enemigos, existen los opositores: personas que piensan distinto, quieren distinto, tienen intereses distintos que pueden colisionar con los míos, pero con las cuales puedo concertar futuros comunes.

Uno de los instrumentos más poderosos que tiene la democracia para hacer del conflicto una oportunidad positiva es la deliberación. La deliberación se convierte en un valor social, cuando, frente a un conflicto:

•Las diferentes personas son capaces de poner en juego sus intereses.
•Pueden expresarlos, sustentarlos y defenderlos con serenidad y transparencia.
•Buscan convencer a otros de la pertinencia de sus intereses, pero están dispuestos a dejarse convencer por la prioridad de otros intereses.
•Aprenden a ceder y a recibir cesiones.
•Y, entre todos, a partir de las diferencias, son capaces de construir bienes colectivos.

La deliberación social es el instrumento de la democracia para construir los consensos sociales que son la base de la paz.

PRINCIPIO DE LO PUBLICO

Lo público es aquello que conviene a todos, de la misma manera, para la dignidad de todos. La calle es pública y el parque es público, porque siempre están allí, para que todos transiten y se diviertan, sin exclusiones por razón de clase, edad, sexo, partido o religión. El acueducto es público si el agua que llega a la casa más pobre de la ciudad es de igual calidad a la que llega a una casa de una familia rica.

La educación será un bien público si los hijos de los pobres reciben una educación de igual calidad a la que reciben los hijos de los ricos. Si un sistema educativo es de calidad homogénea para todos los niños, entonces los niños ricos y pobres estarán igualmente cuidados. Lo mismo puede decirse si la salud, la vivienda, la información, el transporte… son bienes públicos. La equidad (la forma política del cuidado) de una sociedad está relacionada con la cantidad y calidad de bienes públicos que esa sociedad posea.

Todos los bienes o servicios destinados a la satisfacción de las necesidades comunes e indispensables, que hacen posible la vida digna de todos, son los bienes públicos o bienes colectivos por excelencia: la justicia, la vigilancia de las calles, los servicios domiciliarios (agua, luz, alcantarillado), la educación básica, la salud preventiva, la vivienda mínima, las telecomunicaciones, etc.

Cuando los bienes o servicios públicos se construyen en función de intereses particulares (de grupos o sectores sociales) y las decisiones sobre el acceso o el uso del bien o servicio están determinadas por motivos distintos del bien común, ese bien público es excluyente o inequitativo. Es lo que se entiende como corporativizar lo público: apropiarse, para beneficio privado, de un bien que debe existir para todos, de la misma manera.

La corrupción es la apropiación privada de lo público.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

1.Texto basado en artículos, documentos y conferencias del autor.
2.Filósofo de la Universidad San Buenaventura. Fue Presidente de la Corporación Viva la Ciudadanía, durante la Constituyente de la Constitución Política de Colombia. Desde Agosto de 2005 es Asesor Estratégico de la Fundación Avina.
3.Herrera, Daniel. La Democracia: una verdad y un valor éticos en construcción. En Soberanía Popular y Democracia en Colombia. Ediciones Foro Nacional por Colombia y Viva la Ciudadanía. Bogotá. 1992. p. 14.
4.Ibídem.
5.http://es.wikipedia.org/wiki/Democracia_ateniense

8 de julio de 2011

LA ETERNIDAD

En algún momento de la existencia leí que la vida es un parpadeo entre dos eternidades y esto me causo un impacto. Antes de nacer y después de morir. Cuando veo pasar el tiempo de los humanos siento que cada vez estamos más cerca de la otra frontera de la eternidad.

El hombre con el trascender del tiempo se aproxima cada vez más a dar ese gran salto. La vida es el camino que une la frontera entre lo que antes no era y lo que después ya no es. Es el camino entre tener conciencia del universo y el perder esa conciencia. Si no existiese la vida inteligente el universo no existiese. Basta una conciencia humana para que el universo exista. Será esto la aproximación al concepto de eternidad?

Somos seres vivos y concientes y hemos sido construidos para vivir unos 70 años. Este es el reto que nos da la vida para entender el universo y para entender su eternidad. Luego nos sumiremos en algo desconocido, pero que se intuye. Vamos inexorablemente hacia el fin del universo. Somos criaturas eternas con un momento de vida para disfrutar.

Después, ya no seremos, haremos parte de la nada y haremos parte del todo en el universo.

Existen dos concepciones para adentrarse en la comprensión de la eternidad, la que se fundamenta en la luz de la fe y la que se interpreta a la luz de la razón. Para esta última la eternidad es un espacio que no tiene principio ni tiene fin, es una perpetuidad y dentro de este se mueve el hombre bajo sus dos formas materia y espíritu.

La física moderna, de tendencia más bien eternalista, describe el comienzo físico del universo como una gran explosión, o Big Bang. La NASA ha sido capaz de verificar la época del origen del universo a partir de la reciente detección de la radiación de fondo emanada por el Big Bang. El tiempo, el espacio y la materia surgieron hace alrededor de 13 mil millones de años.

El concepto de eternidad (del latín aeternitas), relacionado con el de inmortalidad, se refiere popularmente, unas veces a una duración infinita y sin límites, y otras designa una existencia sin tiempo o fuera del tiempo. Es el trabajo de la ciencia en su objetividad, racionalidad y sistematicidad.

En ciertas religiones, la eternidad es la vida del alma después de la muerte. Primero fueron las religiones, después la ciencia. La búsqueda de la inmortalidad o del elixir de la eterna juventud existe desde que la humanidad es consciente de que es mortal. Las culturas primitivas consideraban que la sangre de los animales transmitía energía vital y por eso se la bebían. Los egipcios desarrollaron buena parte de su cultura en la creencia de que el faraón era un ser inmortal, de ahí la importancia que daban a la construcción de las pirámides y a todo el proceso de momificación.

Isaac Asimov trata el tema de eternidad, en su obra: El Fin de la Eternidad, novela de ciencia ficción. Trata el tema de una sociedad capaz de viajar a través del tiempo. La historia se desarrolla en un insólito mundo de hombres viajeros del tiempo llamados Eternos, organizados en extrañas jerarquías y rangos, que se reclutan entre las diferentes épocas de la historia humana a partir del siglo XXVII.

La Eternidad es un lugar y una organización que existe más allá del tiempo. Está compuesta de humanos que son reclutados de diferentes momentos de la historia de la humanidad, desde el siglo XXVII. Los Eternos tienen la capacidad de, por medios tecnológicos, entrar y salir en casi cualquier punto de la corriente temporal y viajar por ella, alterándola.

Los ensayos que se han hecho sobre la eternidad siempre nos dejan en esa incapacidad de comprender que hay más allá del universo y que sigue después de haber caminado entre las dos fronteras enunciadas.

El hombre es eterno por su pensamiento, porque es capaz de observar, verificar y comprobar. El hombre es inmortal durante su vida misma, pero un día el universo le reclama toda su energía y se la lleva para si. Que bella eternidad.

EL ECO DE LA VIDA

La vida es un presente que se extingue en el tiempo. Todos llevamos algo de afán para vivirla y comprenderla, y esto es el reflejo de la forma como la hemos conducido. Así como el eco nos devuelve las palabras que lanzamos, la vida nos devuelve lo que hemos sembrado en ella, lo bueno o lo malo.

Cuando hablamos cosas que hieren al humano estamos generando situaciones que se devuelven en algún momento de la existencia. El eco es la repetición de un sonido al chocar sus ondas sonoras contra una superficie sólida y regresar al lugar de la emisión con la fuerza y la tardanza suficientes para que se perciba como un sonido distinto del original, como sucede a veces en ciertas montañas, valles o plazas. Lo mismo ocurre con el acto humano. El ruido producido por el daño se expande socialmente y esto produce desacierto y desconfianza.

Por eso creo que la tardanza, en la acción solidaria hacia los demás, se refleja en una forma contraria que menoscaba a la vida misma y a la sociedad en la que militamos. La vida nos devuelve todo lo que decimos o hacemos. Por eso, nuestra vida es el reflejo de nuestro actuar.

Ante un mundo convulsionado se requiere poner más amor y dedicación para con los humanos. La violencia se ataca con sobredosis de amor y este debe ser sembrado en todos los rincones del mundo como estrategia de convivencia. Si deseamos felicidad habremos de darla a todos para que la vida nos la devuelva como el eco.

Cuando construyo bienestar y calidad de vida habré de encontrar algo que viene de rebote. La felicidad la devuelve la vida cuando damos más de lo que recibimos. Pero cuando busco la de los demás, haciendo el bien, la encuentro como el eco, de rebote, recojo lo que siembro.

Estaré alegre cuando busco la alegría de los que me rodean. Si quiero una sonrisa en mi alma, he de sonreír a quienes tengo a mi lado, cada día. La vida me devolverá lo que he dado, como el eco. Esto se aplica a todo en la vida: a la belleza, la verdad y la bondad. Por mucho que vayamos por el mundo buscando la belleza, no la encontraremos nunca si no la llevamos con nosotros.

En nuestras vidas, muchas veces tenemos que resguardarnos por algún tiempo y comenzar un proceso de renovación para continuar un vuelo de victoria, debemos desprendernos de costumbres, tradiciones y recuerdos que nos causaron dolor.
Solamente libres del peso del pasado podremos aprovechar el resultado valioso que una renovación siempre trae. El eco de la vida es el bumerán que nos devuelve lo que sembramos durante ella, es el proceso de cosechar actos de inteligencia y de gratificación o de amarguras y sinsabores.

La vida nos da de regreso exactamente lo que le hemos dado. Nos devuelve todo lo que decimos y hacemos. Si no nos gusta lo que recibimos de regreso, debemos revisar bien lo que estamos dando.

ACERRIMO EN EL CHISME

Cuando el hombre necesitó comunicar sus experiencias cotidianas, gracias a su desarrollo biológico, psíquico y social, creó su propio lenguaje y escritura. A partir de allí dio comienzo a su ascenso hacia la escala superior, desde el punto de vista de las otras especies vivas.

Los impactos producidos por su entorno o medio ambiente se fueron plasmando a través de expresiones fantásticas que se construyen alrededor del mito. El hombre mítico fundamentó su sentimiento en la poesía. La explicación de los fenómenos naturales fue esculpida en concepciones nacidas del instinto y del conocimiento sensorial.

En su forma inicial el ser humano buscó entender su mundo y su universo por medio de lo que le entregaban sus sentidos. En una etapa superior desarrolló el conocimiento filosófico y en la actual hace su soporte en el conocimiento científico.

Las vivencias sucedáneas las registra por medio de expresiones que producen avance social o por medio de otros que suscitan vacío existencial. En cada momento se vuelve vehemente en registrar sus sensaciones. Se convierte en un ser acérrimo, muy firme y entusiasta, intransigente y extremado.

Las expresiones que suscitan vacío existencial caen en las denominadas: habladurías sin sentido. Aparece el acérrimo del chisme, el que dice cosas insignificantes e inútiles. El que perturba la construcción de métodos y de modelos sociales para una vida mejor, el que produce actos y palabras sin sentido o improductivos.

El lenguaje productivo en sus más diversas expresiones, es una actividad eminentemente social, que se hace presente en la vida cotidiana del hombre. Es un aspecto central de su vida que lo ayuda a diferenciarse del resto de los seres vivos ya que él es el único capaz de producirlo y disfrutarlo. El arte de decir y de escribir cosas, en beneficio del hombre, ocupa un lugar destacado para todos, es parte de la experiencia pública, ya que a través de él se manifiesta la propia cultura.

Es sabido que el hombre posee distintos niveles de actividad, algunas de ellas están referidas a lo utilitario, otras a lo científico y otras a lo artístico. La actividad utilitaria responde en primera instancia a una necesidad de subsistencia y producción para la subsistencia. La actividad científica apunta a satisfacer una necesidad de conocimiento estricto y riguroso que debe fundamentarse y demostrarse. La actividad artística, múltiple e integradora, tiene distintas funciones en diversas culturas, épocas históricas y grupos sociales, pero quizás la más importante sea la de lograr comunión, producir armonía en la personalidad, dar placer, reflejar la vida y la realidad, reflejar conflictos internos o sociales, estructurar la moral y desarrollar la capacidad creadora, base de todo nuevo descubrimiento científico que ayuda a satisfacer y mejorar la subsistencia.

En el hombre deberá prevalecer el espíritu integrador, defensor de ideales y formas de vida racionales, fundamentadas en la sobriedad y el decoro. Se debe ser acérrimo en la determinación de modelos que produzcan más bienestar y estados de paz. El hombre que desarrolla su vida sobre la concepción de la suspicacia en el hablar y en el actuar no es el hombre para nuestra época. Démosle una lección para que nos acompañe en el otro proceso cual es el de la construcción de estrategias para que el acto humano sea eminentemente racional y humanizante, alejado de las futilerías y de las cosas inútiles fundamentadas en el chisme o en el vicio de hablar paja. El acérrimo del chisme no debe hacer parte de la sociedad actual. Estamos de acuerdo?.

ESENCIA DEL HOMBRE

En todo momento de la existencia del hombre se plasman experiencias que determinan su trascendencia hacia estados superiores. La condición de ser racional le permite moverse entre alternativas de beneficio y alternativas de daño.

Todo individuo progresa con cada día que pasa y esto se refleja en la sociedad en que se desenvuelve. Cada vez, en la dinámica humana se pasa de situaciones inferiores de bienestar a condiciones superiores. Por medio del conocimiento ha logrado crear estructuras para el mejoramiento de la condición humana, pero se ha olvidado de hacer partícipes a sus semejantes. Cuando aplica conocimiento a la solución de sus problemas le es más fácil su supervivencia, por eso hay que aprender a aprender.

La esencia del hombre como ser racional consiste en que desarrolle su potencial construyendo, a partir de la experiencia acumulada por las generaciones pasadas. Quiere decir esto que el conocimiento es transferible y por ende la solución de problemas también.

Una persona va formando su esencia a lo largo de su experiencia en la vida, modificando y corrigiendo aquellos factores que por su experiencia son incorrectos. Por ejemplo, si todas las personas estuviésemos regidas solo por el medio que nos envuelve seriamos todos iguales ya que el medio es igual para todos, es decir, que todos los que vivan dentro de una zona determinada estarán influidos de la misma manera y se comportarán todos de la misma forma.

Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

La esencia del hombre esta constituida como lo absolutamente único e incomparable en su forma de pensar y de actuar, entonces su comprensión de lo humano puede consistir en la aceptación de su responsabilidad social en la construcción de formas más armónicas en la búsqueda de la verdad.

Dentro del concepto de lo humano el hombre es invitado a tener el valor de aceptar su existencia desde el punto de vista de su recto uso de decisión y la idea que tiene de sí mismo.

Hoy el hombre posee mejores experiencias y conocimientos para enfrentar las condiciones más adversas de le existencia. A través de la historia del hombre siempre ha manifestado un afán y un deseo permanente de saber. Por eso el saber es universal e irresistible para el hombre. De ahí que las aplicaciones prácticas del conocimiento ayuden a mejorar el estado de bienestar y de calidad de vida de las generaciones actuales.

En el mundo contemporáneo ha salido a luz una serie de avances del conocimiento, plasmados en el desarrollo tecnológico, que influirá en la forma en que vivirán los humanos durante las próximas generaciones. Esto hace que cada uno de nosotros tengamos la responsabilidad de aportar concientemente a la causa de la humanidad: la búsqueda de la verdad.

17 de junio de 2011

LA INTELIGENCIA DEL HOMBRE

Entre los primates, el hombre (género homo), que aparece hace tres millones de años se distingue por su posición bípeda, su inteligencia, su lenguaje y su capacidad de producir herramientas, es decir de crear cultura. Mientras que otros animales eligieron el camino de la integración y conocimiento total de su medio ambiente, el hombre eligió el camino de la cultura. La cultura, es una herramienta que acumula y almacena cada uno de los pequeños avances y nuevos conocimientos que van realizando los diferentes individuos, para que luego todos juntos puedan ser transmitidos y utilizados por otro.
En su conciencia del universo, el hombre se cree algo especial, algo separado y superior a la naturaleza y a el resto de todas las criaturas. Sin embargo el hombre, es un animal más, de características prácticamente iguales a sus parientes cercanos los primates y también del resto de animales y seres vivos. La extrema inteligencia de la que el hombre se cree propietario no es superior a la inteligencia del resto de animales, sino que, simplemente ha avanzado por un camino diferente.
El Diccionario de la Lengua Española trae dos acepciones: Facultad de comprender, capacidad mayor o menor de saber o aprender. Conjunto de todas las funciones que tienen por objeto el conocimiento (sensación, asociación, memoria, imaginación, entendimiento, razón, conciencia).
La inteligencia es la capacidad de relacionar conocimientos que poseemos para resolver una determinada situación. Si indagamos un poco en la etimología de la propia palabra encontramos en su origen latino inteligere, compuesta de intus (entre) y legere (escoger). Por lo que podemos deducir que ser inteligente es saber elegir la mejor opción entre las que se nos brinda para resolver un problema.
La historia de la inteligencia humana se explica como el empeño del cerebro en buscar formas de comunicarse consigo mismo. Cuando el primer humano trazó la primera línea, precipitó una revolución en la conciencia humana. Una vez que los seres humanos se dieron cuenta de que eran capaces de exteriorizar sus imágenes mentales, la evolución fue más rápida.
La inteligencia humana no tiene limites , es casi infinito su potencial, diferentes textos y expositores plantean el poder que tiene sobre la manera de enfrentar las situaciones de la vida. Con su inteligencia el hombre toma todas las vivencias cotidianas y las representa en forma de mapas mentales que le facilitan su comportamiento en condiciones futuras.

Podemos construir la visión de nuestro mundo, nuestros sueños , las ganas de hacer las cosas, la actitud mental positiva. Por medio de la inteligencia estamos en capacidad de entender, motivar y ayudar a otros. Nos conduce a la sensibilidad humana entendida como la capacidad de darse cuenta y poder diferenciar entre los individuos y sus estados de ánimo, intenciones, motivaciones y temperamento y estar prontos a ayudarlos.

La primera diferencia fundamental entre el hombre y el resto de los animales se ha cifrado en su inteligencia; por ella se definía al hombre como animal racional. Hasta hace bien poco la racionalidad parecía un refugio seguro para señalar la diferencia y la supremacía del hombre. Sin embargo, con el desarrollo tecnológico, esta diferencia y supremacía se ha visto atacada, al surgir la denominada Inteligencia Artificial. No faltan voces abundantes que señalan que el oficio de pensar ya no es exclusivo de los humanos.

Es tal el entusiasmo que suscita en muchos la Inteligencia Artificial, que se discute seriamente si los artefactos que poseen propiedades antes atribuidas en exclusiva al hombre deben ser considerados personas o no, con tratamiento y derechos equivalentes. También se ha propuesto considerar a las máquinas pensantes como una suerte de hermanos que hemos fabricado, o incluso como hijos mentales.

Una bienvenida a nuestros hermanos que han sido engendrados por el dualismo hombre-máquina. Que se queden entre nosotros para el bien de la humanidad.

10 de junio de 2011

TRASCENDER DEL HOMBRE

El ascenso del hombre, en su proceso histórico, está marcado por una lenta y paciente forma de evolución. Sus elementos constitutivos, primero fueron biológicos, y a través de su recorrido por el tiempo ha plasmado, en etapas sucesivas, su modo de ser actual.

Lo primero que manifiesta es su condición para el mantenimiento de su especie, su reproducción y su conservación. En el desarrollo de su integralidad hacia lo síquico y lo social ha logrado construir cultura y civilización.

Articula entonces sus tres elementos constitutivos: lo biológico, lo síquico y lo social y así llega a su misma comprensión holística. Hoy el hombre es un complejo de la naturaleza configurado por aciertos y desaciertos. Se dirige hacia un futuro incierto pero siempre busca una esperanza porque tiene hambre de elevación.

El vuelo que pretende realizar, al final de sus días, le da ilusiones y formas de combatir su angustia existencial. Dentro de sus congéneres apenas hace lo que de ellos aprende, pero sólo algunos logran escaparse de la manada. Son los que buscan elevarse y trepar las cumbres de la vida.

El miedo al hondazo de las crisis otea el horizonte humano y le produce nubarrones de incertidumbre y de queja. Los procesos que desarrolla durante la existencia se presentan como reacción a situaciones de adversidad.

El trascender del hombre se refiere al reto de ir más allá del límite de su existencia. Es su dimensión trascendental y es aquí en donde adquiere el sentido de ir allende lo natural tanto en el conocimiento como en la vida plena y cabal. Adquiere entonces un carácter de finalidad que ha de cumplirse como lo más importante, lo esencial, por lo que se convierte en el fundamento de la acción y el sentido de todo lo que hace.

Los hombres que tienen hambre de elevación buscan trascender, buscan pasar de un lugar a otro distinto pero de más categorización, es el ascenso de más alta calidad, a un lugar más sutil. Así logra subir de nivel, de estar en situaciones más altas y que además es de cualidad distinta a la que deja atrás.

Es el hombre el que tiene la capacidad de volar por el universo, de acercarlo en sus partes y de comprenderlo. Al trascender en su conciencia, trasciende en el mundo y en su misma sociedad. Debe configurar la dimensión de su existencia a partir de la práctica de combatir la mediocridad y la unidimensionalidad.
Ante lo temporal, el hombre puede asumir dos actitudes fundamentales: puede vivir en el tiempo y para el tiempo, o bien, puede vivir en el tiempo para el logro de su trascender universal.

No existe el hombre en abstracto, sino este o aquel humano que vive para el tiempo o que vive para la posteridad. Por lo demás, cada ser humano es inefable y el hombre existe como existe cada hombre en particular, con todas las diversas modalidades.

23 de mayo de 2011

TE TOCO, LUEGO EXISTO

Somos criaturas del universo, somos la consecuencia del estallido de las estrellas, somos un cúmulo de vida en el universo. Todos pertenecemos a un mundo sensorial lleno de incógnitas y de posibilidades que no las sabemos aprovechar. Somos parte de una grande variedad de especies vivas que comparten el mundo que nos rodea.

Nos damos cuenta de nuestros semejantes cuando los percibimos a través de nuestros sentidos, ver, oír, gustar, olfatear y palpar o tocar. Estas expresiones son la consecuencia de nuestro sistema nervioso. Su desarrollo y perfección es particular en cada una de las especies vivas.

Tocar es entrar en contacto las manos u otra superficie del cuerpo con un objeto o una superficie. La sensación que produce tocar todo, lo que gira a nuestro alrededor, es una de las cosas más gratificantes de nuestra existencia.

Todo el mundo necesita el contacto físico, especialmente los niños, los jóvenes, los adultos, los ancianos, en resumen todos los integrantes de la especie humana. Todos necesitamos que nos toquen. Todos queremos tocar.
La necesidad de crear un espacio donde el hombre pueda tocar a sus semejantes es producto del momento en que se encuentra. Vive en un mundo lleno de cosas, que la sociedad de consumo le provee, pero vive aislado, lejos del calor humano. La máquina le llena su vacío existencial.
El tocar favorece el camino para un encuentro sereno, gozoso, profundamente personal y por eso y en tanto y en cuanto sea profundamente personal, profundamente comunitario. Toco, luego existo. Existo para tocar, toco para existir.
En una ocasión, Bertrand Russell escribió: “No sólo nuestra geometría y nuestro físico, sino nuestra concepción completa de lo que existe fuera de nosotros, está basada en el sentido del tacto”. Pero nuestra experiencia de tocar está disminuyendo. Cada vez más vivimos solos, tenemos amigos virtuales, nos asusta cualquier tipo de contacto físico con extraños por temor a que pueda ser antihigiénico o inapropiado, o pueda volverse violento.
Se puede demostrar que los efectos de no tener contacto físico pueden ser nefastos para nuestro bienestar, como individuos y como sociedad. Cuando yo te toco, tú sientes el contacto, por lo tanto a través de mi contacto tú sientes que existes y puedes conectarte conmigo. Es un sentimiento de ser importante, de ser cuidado.
Debemos tener el tiempo para acariciar. Un estudio realizado en 1997 sobre a cantidad de contacto y de agresión entre adolescentes observó el comportamiento de 40 de ellos encontró que los adolescentes estadounidenses pasaban considerablemente menos tiempo acariciando, besando, abrazando y recostándose con sus pares que los franceses.
Estos hallazgos son preocupantes, especialmente porque la investigación sugiere que una ausencia de contacto e interacción física durante la adolescencia puede resultar en comportamientos violentos más adelante en la vida. Estar privado del contacto físico parece conducir a una disminución de la serotonina, las cuales, junto con la dopamina, son neurotransmisores que influyen en el humor.
Estamos perdiendo la visión de quiénes somos. Nos da vergüenza tocarnos, pero estamos obsesionados con la apariencia. Preferiríamos, por ejemplo, caer bajo el bisturí del cirujano que aceptar nuestros propios cuerpos. Estamos viviendo en una época materialista, donde si no se ve, no tienes.
Tocar será la acción del hombre de la tecnología y de la ciencia. Será el mecanismo de comunicación, nuevamente con su especie. Cuando así lo haga podrá decir, también, nuevamente: Toco luego existo.

13 de mayo de 2011

SER VERAZ ANTE LA VERDAD

Cuando nos encontramos en situaciones donde debemos obrar según lo correcto, nos preguntamos sobre que es esto. El hombre hace parte del gran conglomerado humano y tiene la responsabilidad de utilizar su recto uso de decisión. La existencia del hombre es del todo ininteligible separada de la verdad. Una vida humana sin nada que ver con la verdad es, sencillamente, lo más opuesto a la vida humana. Porque la verdad es conciencia y es sentido.

Decir la verdad duele pero es la verdad. En el momento actual se habla de mentiras piadosas y se utilizan para salir de apuros. Quien utiliza esta estrategia esta en contra de la verdad. En el mundo del fanatismo, del consumismo, del terrorismo y de la corrupción, la verdad es atacada, en forma permanente, porque lo primero es la utilidad propia y el provecho particular.

En todos los procesos del hombre la verdad triunfa por sí misma, la mentira necesita siempre complicidad. La verdad se robustece con la investigación y la dilación; la falsedad, con el apresuramiento y la incertidumbre. La verdad es un juicio o proposición que no se puede negar racionalmente y que es aceptado de forma general por una colectividad. Cada vez que el hombre actúa debe hacerlo bajo la estrategia de la verdad.

Toda ciencia porta un dinamismo centrado en la búsqueda de la verdad. Es cierto que las libertades básicas humanas y el proceso de discernir la verdad están unidas. El conocimiento de la verdad es liberador. Desde cada ángulo de acción del hombre se requiere obrar conforme a la verdad. El derecho a conocer la verdad es un derecho humano y un principio fundamental de la vida en sociedad.

Apel y Habermas defienden la teoría consensual de la verdad y dicen que “la verdad es algo sobre la cual hay acuerdo y que se llega a ese acuerdo a través del dialogo”. Me identifico con esta teoría porque me parece correcto que todo el mundo diga su opinión sobre cualquier tema pero que lo defienda y responda por sus consecuencias.

La verdad identifica al hombre sabio y prudente, la verdad es moral, la mentira es inmoral. La primera produce desarrollo social humano, la segunda corrompe. Toda sociedad combate el engaño y el dolo pero las sociedades insensatas se engañan mutuamente. El continuo embuste del mundo actual, consume todas las fuerzas vitales de las sociedades.

Nos queda el reto de construir la verdad así sea que se derrumben los cielos. El hombre veraz hace parte de la verdad misma. Verdad y humanidad como una expresión de coexistencia entre los pueblos. La defensa de la verdad, desde lo particular, lleva al encuentro de una vida sana, y desde lo general, a la construcción colectiva de una sociedad justa.

Vamos a lograr una forma inteligente de vivir cuando podamos relucir la verdad en los actos que realizamos. El hombre debe ser veraz ante la verdad.

9 de mayo de 2011

DESHUMANIZACION

Duele y lo comparto…
Importante, impactante! Refleja en todos los sentidos el Mundo de hoy.
Un corto de 5 minutos, titulado La Fotógrafa.
Muestra el “suicidio” moral de la humanidad al olvidar la ética para llegar al éxito.
Que cada uno de nosotros saque sus propias conclusiones de este que bien podría ser un documento muy representativo sobre aquello en lo cual nos hemos convertido…

http://video.bugun.com.tr/bugunPlayer.swf?file=dagilfilm.flv

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25 de marzo de 2011

MEMORIA DE LA ESPECIE

Cuando vamos acumulando las experiencias de la vida estamos haciendo registro en nuestra memoria. Todo lo que nos sucede es producto de la gestión que hacemos en nuestro paso por el sendero de la existencia. Cada vez tenemos un mayor número de situaciones vividas, moldeadas en éxitos y fracasos, que comprometen el desempeño cotidiano.

La memoria es la capacidad mental que posibilita a un sujeto registrar, conservar y evocar las experiencias (ideas, imágenes, acontecimientos, sentimientos, etc.). El Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española la define como: «Potencia del alma, por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado».

En el transcurso del tiempo el hombre recibe estímulos y en su proceso de enseñanza aprendizaje graba todo lo que le sucede. Esto lo hace a través de su memoria individual; lo que me lleva a concluir que cada ser de la especie humana acumula su propia vida y es capaz de construir modelos que le permiten sobrepasar aspectos que comprometen su supervivencia.

Sólo el hombre, vive el tiempo. Se podría decir que el hombre es el único animal finito, porque es el único que lo sabe. Por eso acumula en su memoria y en un momento la utiliza. Los seres vivos por debajo del hombre viven completamente ajenos al tiempo, les importa un bledo. Su vida está ligada al tiempo por mediación del instinto; pero se quedan siempre en el instinto, no alcanzan nunca el tiempo (aunque el tiempo sí les alcance a ellos).

El tiempo en la existencia del hombre tiene un significado cuando se configura el concepto de recuerdo y de nostalgia, que tiene que ver con el pasado; también con la esperanza y del deseo de renovación que tiene que ver con el futuro. A través de su memoria individual puede construir estados adelantes de su pensamiento.
Ser de memoria significa que el pasado no ha dejado de existir, no se ha evaporado sin dejar rastro, no es algo clausurado y olvidado, sino algo que de algún modo gravita en el presente, lo condiciona y lo configura; de un modo real, en el hoy del hombre está presente su pasado. El tiempo del hombre es acumulativo, también sus experiencias.
En cada uno de nosotros está plasmada una memoria, producto de las vivencias a lo largo de la existencia. Está memoria termina cuando morimos, pues dejamos de conocer y de saber más. Queda sólo la memoria de la especie humana.
La especie humana posee una memoria colectiva, por medio de la que logra adaptarse y aprovechar su entorno natural, pero ésta no es ya sólo genética sino también cultural. Esta memoria de especie toma la forma de una sabiduría, de una experiencia aprendida y perfeccionada colectivamente a lo largo del tiempo, de un saber transmitido de generación en generación.
Mientras que la memoria individual es finita y hace parte de cada uno de nosotros, la memoria de la especie es eterna. Queda plasmada en los libros y en los medios de registro actual. Esta es aprovechada por las generaciones subsiguientes para la construcción de sus propios modelos de vida.
El hombre plasma su memoria individual a través de mecanismos de difusión y esta en la totalidad hace parte de la colectiva.

4 de marzo de 2011

EL TIEMPO EN LA HISTORIA DEL HOMBRE

La historicidad es, junto a la libertad, una de las características esenciales de la persona humana, de su modo de vivir. Esta instalación del hombre en el tiempo puede ser estudiada al menos desde dos puntos de vista distintos pero complementarios. Por un lado, el tiempo como medio en el que se despliega la vida del hombre, es decir, la vida del hombre como esencialmente afectada de temporalidad; y en segundo lugar, el hecho mismo de que esta afectación revista también el carácter de medida: la vida del hombre parece tener un final, que es la muerte.
Son cuestiones que se abordarán por separado.
1. Sentido antropológico del tiempo.
Cuando se habla del tiempo, se está utilizando una palabra que admite al menos una doble interpretación. Por un lado el tiempo cosmológico, el tiempo como magnitud física que utilizan las Ciencias y la Técnica, el tiempo que miden los relojes: se trata de la simple y regular fluencia de instantes sucesivos. Pero este tiempo físico no es el tiempo del hombre, el tiempo antropológico. El hombre tiene un modo específico de vivir el tiempo, completamente distinto del resto de las criaturas.
La profundización en el modo específico con que el tiempo afecta a la vida del hombre es, en cierta manera, un descubrimiento de la filosofía moderna, y más particularmente de la filoso-fía del siglo XX. Hasta entonces, el papel del tiempo en la reflexión filosófica es secundario, incluso en Hegel. La nueva valoración del tiempo corre pareja a la revalorización de la filoso-fía como búsqueda del sentido de la vida del hombre individual, que se ha perdido tanto en el racionalismo como en el idealismo. La vida humana, ese despliegue del hombre en el tiempo, tiene unas connotaciones específicas respecto a los demás vivientes.
Esa diferencia entre esas dos distintas concepciones o percepciones del tiempo se podrían ilustrar, desde dentro del vivir del hombre, haciendo referencia a los distintos significados de las palabras madurar y envejecer (Alvira). Las dos hacen referencia al tiempo, al transcurso temporal. Envejecer tiene un significado negativo: el paso del tiempo es vivido como derrota, como humillación y, sobre todo, con una connotación de pasividad, de asunto inevitable, irremediable: envejecer es vivir cronológicamente el tiempo. Madurar tiene una connotación positiva: es un modo de vivir el tiempo que tiene que ver con el crecimiento, con la plenitud, con el sentido.
En primer lugar, sólo el hombre, vive el tiempo. Se podría decir que el hombre es el único animal finito, porque es el único que lo sabe. Los seres vivos por debajo del hombre viven completamente ajenos al tiempo, les importa un bledo. Su vida está ligada al tiempo por me-diación del instinto; pero se quedan siempre en el instinto, no alcanzan nunca el tiempo (aun-que el tiempo sí les alcance a ellos).
Viven en el tiempo, sometidos a los efectos de la temporalidad, pero desconociendo esa irremediable caducidad que los habita y los traspasa. El hombre, en cambio, está hecho de tiempo tanto como de materia y de espíritu. La duración media previsible de su vida no es pa-ra él una circunstancia sino que forma parte de su definición; con arreglo a ella el hombre or-ganiza su vida. El hombre se entiende a sí mismo a la luz del hecho de que su vida está me-dida en el tiempo; sabe que va a vivir unos ochenta años y de acuerdo con este dato proyecta su vida. Si la duración media de la vida de la especie humana fuera doble o triple que la ac-tual, su concepto de la vida y de él mismo variaría notablemente, quizás sustancialmente. El pasado y el futuro y por eso mismo también el presente- tendrían un sentido muy distinto del que tienen entre nosotros.
¿Qué nuevo significado cobrarían para ellos esos conceptos que configuran la vida del hom-bre: el recuerdo y la nostalgia que tienen que ver con el pasado-, la esperanza y el deseo de renovación que tienen que ver con el futuro-, etc.? Esa distinta duración originaría cambios tan fundamentales que, en cierto sentido, quizás fuera razonable dice Kundera- preguntarse si ellos y nosotros perteneceríamos a la misma especie.
En segundo lugar conviene reparar en el distinto significado y la peculiar configuración que tiene el futuro en el tiempo cosmológico y en el tiempo antropológico. Puesto que el tiempo cosmológico es lineal podemos abarcarlo como si existiera ya en su totalidad: pasado, pre-sente y futuro son homogéneos, lo que significa que el futuro es predecible y de alguna ma-nera su conocimiento está a nuestro alcance.
Pero esto precisamente es lo que no ocurre en el tiempo antropológico; en él el futuro no es predecible porque la vida del hombre es un acontecimiento de libertad. Ya los antiguos grie-gos distinguían esos dos conceptos de vida: zoé (la vida biológica del hombre, las distintas etapas que el tiempo le marca, lo que le pasa) y bios (la vida biográfica, lo que el hombre hace con lo que le pasa). El tiempo del hombre se convierte en biografía; y el de la humani-dad se llama historia.
Dijimos ya anteriormente, citando a Ballesteros, que el hombre es un ser de memoria y pro-yecto. Ser de memoria no significa la materialidad misma de que el hombre pueda evocar las imágenes de su pasado (aparte de que el hombre no recuerda su vida, su pasado, como re-cuerda la lista de los reyes godos que aprendió en su infancia). Ser de memoria significa que el pasado no ha dejado de existir, no se ha evaporado sin dejar rastro, no es algo clausurado y olvidado, sino algo que de algún modo gravita en el presente, lo condiciona y lo configura; de un modo real, en el hoy del hombre está presente su pasado. El tiempo del hombre es acumulativo. De ahí que la contraposición dialéctica entre tradición y progreso (la disyuntiva: tradición o progreso) sea falsa.
Tradición y progreso se implican y se reconocen mutuamente en el concepto de cultura. Cul-tura tiene la misma raíz etimológica que culto y que cultivo: la palabra latina cultus, que signi-fica dedicación cuidadosa a una tarea. De ahí que cultura sea aquello a lo que el hombre se ha dedicado preferentemente, la cosecha de su propia historia, el grano sin paja, lo valioso acumulado de su experiencia. La cultura es el contenido esencial de la tradición (del latín tra-dere, entregar), el legado que una generación entrega como dote a la siguiente: su tesoro, su fortuna.
El hombre necesita de la tradición para no empezar de cero en cada generación; el hombre es lo que es, el hombre progresa, precisamente porque es cultural. Ser cultural significa ser de tradición, apoyarse en la tradición, en la valiosa experiencia heredada de nuestros mejores predecesores. El progreso no está reñido con la tradición, sino que más bien la necesita.
Caben posturas radicales, formas poco equilibradas de entender el tiempo, en las que la pro-funda conexión entre esos dos conceptos se rompe: el tradicionalismo entendido como nos-talgia radical del pasado, como aquel “cualquier tiempo pasado fue mejor” del poeta castella-no; o el progresismo, en el que se entiende el futuro como ruptura total con el pasado, como renuncia expresa del hombre a sus propias fuentes.
También en la vida de cada persona se da esa relación indisoluble entre pasado, presente y futuro, ese equilibrio entre tradición y progreso. Todo aquello que hemos vivido permanece en nosotros de dos maneras. Una primera, como anotaciones en el registro vivo de la memoria; la memoria es el tiempo acumulado del hombre, que se puede expandir, revisar, revivir y vol-ver a guardar. El hombre es también su remordimiento, su dolor, su nostalgia, su alegría, el sufrimiento por su vida mal perdida, la serenidad por su vida lograda... Todo eso es también el hombre.
Una segunda manera, menos evidente a primera vista pero igualmente real, es entender que mi ser personal actual -es decir, yo mismo tal como soy- es el registro más preciso y certero de mi biografía. Lo que soy ahora es fruto y resultado de todo mi pasado: soy todo lo que he sido. Somos también, como consecuencia, resultado de las posibilidades descartadas, de to-do aquello que pudimos ser y no quisimos, eso que a veces suscita en el hombre la nostalgia: “Hay eco de pisadas en la memoria por el pasadizo que no tomamos, la puerta que nunca abrimos” (Eliot)
Esa forma de condensación del pasado en el presente es lo que expresa Pessoa con tanta fuerza:
Sí, soy yo, yo mismo, tal cual he resultado de todo…Cuanto fui, cuanto no fui, todo eso soy. Cuanto quise, cuanto no quise, todo eso me forma. Cuanto amé o dejé de amar es en mí la misma condición. Y al mismo tiempo la impresión un tanto lejana, como de sueño que se quiere recordar en la penumbra a la que despertamos, de que hay en mí algo mejor que yo. (F. Pessoa)
Por ello podemos decir que el pasado, paradójicamente, nunca acaba de pasar. No se puede cortar con él; renunciar a él sería renunciar a la propia identidad: el resultado de ese olvido to-tal, de esa cisura con el pasado no sería tanto el no saber quién soy sino ser nadie. Proust lo expresa certera y admirablemente en el primer tomo de A la busca del tiempo perdido cuan-do, al evocar ciertos despertares de la infancia, escribe: “al despertarme, en el primer mo-mento, como no sabía dónde me encontraba, tampoco sabía quién era; en mí no había otra cosa que el sentimiento de la existencia en su sencillez primitiva tal como puede vibrar en lo hondo de un animal, y me hallaba en mayor desnudez de todo que el hombre de las caver-nas; pero entonces el recuerdo descendía hasta mí como un socorro llegado de lo alto para sacarme de la nada”.
A la vez, el hombre es ser de proyecto, no en el sentido de que esté simplemente abierto al futuro -esto sería una obviedad- sino que no sabe vivir sin planear, sin buscar: es proclive al futuro (Ruiz de la Peña), capaz de la sorpresa, de la invención, capaz de novedad. De nove-dad también sobre sí mismo, sobre su propia vida: el pasado no es para él una realidad defi-nitiva, irreparable, irremediable.
De manera análoga a como antes hemos dicho que el pasado sigue vivo en el hoy, también el futuro está de algún modo contenido en el presente. No como ya predeterminado o prefija-do, sino en cuanto que de algún modo el futuro tira de él hacia adelante, lo moviliza. La pre-sencia estimulante del futuro en el presente se llama esperanza.
El hombre pierde la esperanza cuando el futuro personal ha desaparecido porque ha dejado de ser interesante; la vida entonces se estanca y paraliza como aquellas películas antiguas de celuloide que al romperse dejaban proyectada en la pantalla la imagen fija del fotograma que había quedado atrapado. Si el futuro no existe la vida pierde sentido.
La esperanza es, pues, el futuro anticipado en el presente, que dinamiza los resortes vitales ya que el hombre entiende que no cualquier modo de vivir es adecuado si quiere tener dispo-nible el futuro que anhela. El futuro no es para él un regalo, ni un feliz hallazgo casual, ni un triste e ineludible destino, sino una tarea; el hombre es constructor de su propio futuro. Nues-tro hoy condiciona nuestro futuro, nuestro futuro es hoy. A quien pasa del presente le ocurrirá que, por eso mismo, el futuro pasará de él. En este caso la esperanza -si todavía se puede seguir llamando así a ese deseo inconsistente y efímero, incapaz de movilizar la vida, es va-na, vacía: esperanza cero.
2. La vida como relato y representación
El hecho de que la vida del hombre sea una realidad que se distiende en el tiempo, significa que aún no somos lo que hemos de llegar a ser. Por otro lado está el hecho de que la vida humana no está compuesta sólo ni principalmente de lo que a uno le pasa, aunque en la vida pasan cosas, sino de lo que uno hace con aquello que le pasa. Hemos hablado de esa distin-ción que ya hacían los clásicos entre zoé -la vida biológica- y biós -la vida biográfica-. La vida propiamente humana es biografía, vivir es estar metidos de lleno en cada momento en el cui-dado de escribir la propia biografía. Aparece así la idea, tan sugerente como veraz, de la vida como relato.
Hace tiempo que la filosofía -particularmente la antropología- reparó en la consideración de la estructura narrativa de la existencia humana. Vivir es construir una historia, inventar cada uno su propia historia y contarla a los demás, mostrarla a quienes deseen oírla. A los hombres nos pasa lo que a Sherezade, la protagonista de Las mil y una noches: que para seguir vivos, cada día se ha de saldar con un cuento (Marín). ¿Recuerdan el argumento de esa historia? Un califa (en realidad son dos) es engañado por su esposa; como venganza, la mata y decide no volver a casarse, sino elegir cada noche una mujer, a la que hace matar de madrugada. Sherezade, la hija del visir, en contra de los consejos de su padre, se empeña en acudir a las sesiones nocturnas del califa y, ante el asombro de todos, no es ejecutada al romper el día. Esta situación se prolonga durante mil noches, al cabo de las cuales el califa termina casán-dose con ella. El medio empleado por Sherezade para sobrevivir es sencillo: consiste en con-tar al califa distintos cuentos que nunca terminan de madrugada, sino que siempre ocurre que el alba sobreviene en el punto más interesante de la narración. El califa, intrigado por el inte-rés del cuento, pospone la ejecución para el día siguiente; y así un día y otro, porque apenas terminado un cuento, Sherezade comienza otro, con el que ocurre lo mismo que con el ante-rior, etc.
Vivir es, de algún modo, repetir la audacia de Sherezade: atreverse a inventar cada día la propia historia, la historia personal. Teniendo en cuenta también que nosotros nos jugamos mucho en ello: también a nosotros -nunca mejor dicho- nos va la vida en ello. Dos cosas fue-ron necesarias para que el intento de Sherezade resultara un éxito: el interés de los cuentos en sí mismos y la gracia y el estilo en la manera de contarlos.
Sobre el interés cabe decir que la narrativa moderna -ya desde Chéjov, al menos- ha descu-bierto el valor de lo ordinario, de lo cotidiano, como motivo literario. No se trata de grandes re-latos épicos, de realizar grandes hazañas, sino de caer en la cuenta de que lo verdaderamen-te interesante, lo prodigioso, es el hombre mismo. Lo prodigioso está ahí, con su apariencia de obviedad, de vulgaridad casi, pero hay que saber verlo. Ya advirtió Proust que “el verdade-ro viaje del descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes sino en mirar con ojos nuevos”.

Esto contrasta con cierta tendencia a interpretar la vida como algo que nos viene desde fuera, que nos asalta desde el exterior. Ya hemos dicho con anterioridad que de esos dos elemen-tos fundamentales y complementarios de la vida del hombre -lo que al hombre le pasa y lo que el hombre decide hacer con lo que le pasa- el específicamente humano es el segundo. Vivir es hacer un acto positivo sobre la propia vida, un acto de posesión y de dominio: poner las manos sobre lo que nos pasa y, como si fuera una masa, atraparlo y moldearlo.
La aceptación sistemática y pasiva de lo que nos ocurre equivaldría a ausentarse de la tarea de construirse una vida. La pasividad, el asistir a nuestra vida como tan sólo de cuerpo pre-sente, significaría la aceptación de ser nadie. Es esencial esa decisión, esa audacia para to-mar posesión de la propia vida. Y como en todas las cuestiones prácticas en las que intervie-ne el tiempo, también aquí se cumple que no tomar una decisión debida significa haber to-mado ya una; hay decisiones que se toman por omisión, por inhibición.
Que el hombre sea autor de su propia biografía significa que cada uno, al vivir, está decidien-do entre varias posibilidades que se le presentan:
• si desea escribir él mismo su propia vida o, a la vista de las dificultades que entraña, de-siste y se la encarga a otros (los negros, escritores a sueldo de memorias y discursos por cuenta ajena que se publican con la firma no del autor sino del patrón). La vida hecha por encargo es la vida aceptada pasivamente, en la que el sujeto renuncia en la práctica al dominio efectivo de los resortes controladores del propio vivir. Es uno de los modos de abdicar de la identidad personal de no ser nadie.
• si desea que su vida sea una historia personal, original, o se dedica a la productiva y fácil industria del plagio, de la copia. En este caso uno no se ausenta de su vida pero la con-vierte en una historia repetitiva y monótona, mil veces contada, aburrida y pesada: la mis-ma historia de siempre. Vidas estandarizadas conforme a los patrones sociales vigentes en las que cambia únicamente el nombre del protagonista (por llamarle de alguna manera, porque en realidad no protagoniza nada) pero no la peripecia, idéntica en todos los casos. Esto puede ocurrir cuando se aceptan acríticamente los eslóganes y consignas dominan-tes en el medio social. La opinión pública, la publicidad, los criterios sociales y las modas pueden no sólo influir -esto es lógico- sino también conformar sustancialmente la vida, las líneas decisivas del proyecto personal, que por eso mismo acaba teniendo muy poco de personal. También aquí se cumple, como en la Biología, la ley de que quien se adapta tan completamente al medio que se uniforma con él, pierde la capacidad de sobrevivir a los cambios. La supervivencia está en ese equilibrio no muy definible entre adaptación e in-novación. Para innovar, para no estancarse y hacer progresar al hombre, hace falta no agotar las energías en el esfuerzo de mimetizarse.

EL TIEMPO EN LA VIDA DEL HOMBRE

La historicidad es, junto a la libertad, una de las características esenciales de la persona humana, de su modo de vivir. Esta instalación del hombre en el tiempo puede ser estudiada al menos desde dos puntos de vista distintos pero complementarios. Por un lado, el tiempo como medio en el que se despliega la vida del hombre, es decir, la vida del hombre como esencialmente afectada de temporalidad; y en segundo lugar, el hecho mismo de que esta afectación revista también el carácter de medida: la vida del hombre parece tener un final, que es la muerte.
Son cuestiones que se abordarán por separado.
1. Sentido antropológico del tiempo.
Cuando se habla del tiempo, se está utilizando una palabra que admite al menos una doble interpretación. Por un lado el tiempo cosmológico, el tiempo como magnitud física que utilizan las Ciencias y la Técnica, el tiempo que miden los relojes: se trata de la simple y regular fluencia de instantes sucesivos. Pero este tiempo físico no es el tiempo del hombre, el tiempo antropológico. El hombre tiene un modo específico de vivir el tiempo, completamente distinto del resto de las criaturas.
La profundización en el modo específico con que el tiempo afecta a la vida del hombre es, en cierta manera, un descubrimiento de la filosofía moderna, y más particularmente de la filoso-fía del siglo XX. Hasta entonces, el papel del tiempo en la reflexión filosófica es secundario, incluso en Hegel. La nueva valoración del tiempo corre pareja a la revalorización de la filoso-fía como búsqueda del sentido de la vida del hombre individual, que se ha perdido tanto en el racionalismo como en el idealismo. La vida humana, ese despliegue del hombre en el tiempo, tiene unas connotaciones específicas respecto a los demás vivientes.
Esa diferencia entre esas dos distintas concepciones o percepciones del tiempo se podrían ilustrar, desde dentro del vivir del hombre, haciendo referencia a los distintos significados de las palabras madurar y envejecer (Alvira). Las dos hacen referencia al tiempo, al transcurso temporal. Envejecer tiene un significado negativo: el paso del tiempo es vivido como derrota, como humillación y, sobre todo, con una connotación de pasividad, de asunto inevitable, irremediable: envejecer es vivir cronológicamente el tiempo. Madurar tiene una connotación positiva: es un modo de vivir el tiempo que tiene que ver con el crecimiento, con la plenitud, con el sentido.
En primer lugar, sólo el hombre, vive el tiempo. Se podría decir que el hombre es el único animal finito, porque es el único que lo sabe. Los seres vivos por debajo del hombre viven completamente ajenos al tiempo, les importa un bledo. Su vida está ligada al tiempo por me-diación del instinto; pero se quedan siempre en el instinto, no alcanzan nunca el tiempo (aun-que el tiempo sí les alcance a ellos).
Viven en el tiempo, sometidos a los efectos de la temporalidad, pero desconociendo esa irremediable caducidad que los habita y los traspasa. El hombre, en cambio, está hecho de tiempo tanto como de materia y de espíritu. La duración media previsible de su vida no es pa-ra él una circunstancia sino que forma parte de su definición; con arreglo a ella el hombre or-ganiza su vida. El hombre se entiende a sí mismo a la luz del hecho de que su vida está me-dida en el tiempo; sabe que va a vivir unos ochenta años y de acuerdo con este dato proyecta su vida. Si la duración media de la vida de la especie humana fuera doble o triple que la ac-tual, su concepto de la vida y de él mismo variaría notablemente, quizás sustancialmente. El pasado y el futuro y por eso mismo también el presente- tendrían un sentido muy distinto del que tienen entre nosotros.
¿Qué nuevo significado cobrarían para ellos esos conceptos que configuran la vida del hom-bre: el recuerdo y la nostalgia que tienen que ver con el pasado-, la esperanza y el deseo de renovación que tienen que ver con el futuro-, etc.? Esa distinta duración originaría cambios tan fundamentales que, en cierto sentido, quizás fuera razonable dice Kundera- preguntarse si ellos y nosotros perteneceríamos a la misma especie.
En segundo lugar conviene reparar en el distinto significado y la peculiar configuración que tiene el futuro en el tiempo cosmológico y en el tiempo antropológico. Puesto que el tiempo cosmológico es lineal podemos abarcarlo como si existiera ya en su totalidad: pasado, pre-sente y futuro son homogéneos, lo que significa que el futuro es predecible y de alguna ma-nera su conocimiento está a nuestro alcance.
Pero esto precisamente es lo que no ocurre en el tiempo antropológico; en él el futuro no es predecible porque la vida del hombre es un acontecimiento de libertad. Ya los antiguos grie-gos distinguían esos dos conceptos de vida: zoé (la vida biológica del hombre, las distintas etapas que el tiempo le marca, lo que le pasa) y bios (la vida biográfica, lo que el hombre hace con lo que le pasa). El tiempo del hombre se convierte en biografía; y el de la humani-dad se llama historia.
Dijimos ya anteriormente, citando a Ballesteros, que el hombre es un ser de memoria y pro-yecto. Ser de memoria no significa la materialidad misma de que el hombre pueda evocar las imágenes de su pasado (aparte de que el hombre no recuerda su vida, su pasado, como re-cuerda la lista de los reyes godos que aprendió en su infancia). Ser de memoria significa que el pasado no ha dejado de existir, no se ha evaporado sin dejar rastro, no es algo clausurado y olvidado, sino algo que de algún modo gravita en el presente, lo condiciona y lo configura; de un modo real, en el hoy del hombre está presente su pasado. El tiempo del hombre es acumulativo. De ahí que la contraposición dialéctica entre tradición y progreso (la disyuntiva: tradición o progreso) sea falsa.
Tradición y progreso se implican y se reconocen mutuamente en el concepto de cultura. Cul-tura tiene la misma raíz etimológica que culto y que cultivo: la palabra latina cultus, que signi-fica dedicación cuidadosa a una tarea. De ahí que cultura sea aquello a lo que el hombre se ha dedicado preferentemente, la cosecha de su propia historia, el grano sin paja, lo valioso acumulado de su experiencia. La cultura es el contenido esencial de la tradición (del latín tra-dere, entregar), el legado que una generación entrega como dote a la siguiente: su tesoro, su fortuna.
El hombre necesita de la tradición para no empezar de cero en cada generación; el hombre es lo que es, el hombre progresa, precisamente porque es cultural. Ser cultural significa ser de tradición, apoyarse en la tradición, en la valiosa experiencia heredada de nuestros mejores predecesores. El progreso no está reñido con la tradición, sino que más bien la necesita.
Caben posturas radicales, formas poco equilibradas de entender el tiempo, en las que la pro-funda conexión entre esos dos conceptos se rompe: el tradicionalismo entendido como nos-talgia radical del pasado, como aquel “cualquier tiempo pasado fue mejor” del poeta castella-no; o el progresismo, en el que se entiende el futuro como ruptura total con el pasado, como renuncia expresa del hombre a sus propias fuentes.
También en la vida de cada persona se da esa relación indisoluble entre pasado, presente y futuro, ese equilibrio entre tradición y progreso. Todo aquello que hemos vivido permanece en nosotros de dos maneras. Una primera, como anotaciones en el registro vivo de la memoria; la memoria es el tiempo acumulado del hombre, que se puede expandir, revisar, revivir y vol-ver a guardar. El hombre es también su remordimiento, su dolor, su nostalgia, su alegría, el sufrimiento por su vida mal perdida, la serenidad por su vida lograda... Todo eso es también el hombre.
Una segunda manera, menos evidente a primera vista pero igualmente real, es entender que mi ser personal actual -es decir, yo mismo tal como soy- es el registro más preciso y certero de mi biografía. Lo que soy ahora es fruto y resultado de todo mi pasado: soy todo lo que he sido. Somos también, como consecuencia, resultado de las posibilidades descartadas, de to-do aquello que pudimos ser y no quisimos, eso que a veces suscita en el hombre la nostalgia: “Hay eco de pisadas en la memoria por el pasadizo que no tomamos, la puerta que nunca abrimos” (Eliot)
Esa forma de condensación del pasado en el presente es lo que expresa Pessoa con tanta fuerza:
Sí, soy yo, yo mismo, tal cual he resultado de todo…Cuanto fui, cuanto no fui, todo eso soy. Cuanto quise, cuanto no quise, todo eso me forma. Cuanto amé o dejé de amar es en mí la misma condición. Y al mismo tiempo la impresión un tanto lejana, como de sueño que se quiere recordar en la penumbra a la que despertamos, de que hay en mí algo mejor que yo. (F. Pessoa)
Por ello podemos decir que el pasado, paradójicamente, nunca acaba de pasar. No se puede cortar con él; renunciar a él sería renunciar a la propia identidad: el resultado de ese olvido to-tal, de esa cisura con el pasado no sería tanto el no saber quién soy sino ser nadie. Proust lo expresa certera y admirablemente en el primer tomo de A la busca del tiempo perdido cuan-do, al evocar ciertos despertares de la infancia, escribe: “al despertarme, en el primer mo-mento, como no sabía dónde me encontraba, tampoco sabía quién era; en mí no había otra cosa que el sentimiento de la existencia en su sencillez primitiva tal como puede vibrar en lo hondo de un animal, y me hallaba en mayor desnudez de todo que el hombre de las caver-nas; pero entonces el recuerdo descendía hasta mí como un socorro llegado de lo alto para sacarme de la nada”.
A la vez, el hombre es ser de proyecto, no en el sentido de que esté simplemente abierto al futuro -esto sería una obviedad- sino que no sabe vivir sin planear, sin buscar: es proclive al futuro (Ruiz de la Peña), capaz de la sorpresa, de la invención, capaz de novedad. De nove-dad también sobre sí mismo, sobre su propia vida: el pasado no es para él una realidad defi-nitiva, irreparable, irremediable.
De manera análoga a como antes hemos dicho que el pasado sigue vivo en el hoy, también el futuro está de algún modo contenido en el presente. No como ya predeterminado o prefija-do, sino en cuanto que de algún modo el futuro tira de él hacia adelante, lo moviliza. La pre-sencia estimulante del futuro en el presente se llama esperanza.
El hombre pierde la esperanza cuando el futuro personal ha desaparecido porque ha dejado de ser interesante; la vida entonces se estanca y paraliza como aquellas películas antiguas de celuloide que al romperse dejaban proyectada en la pantalla la imagen fija del fotograma que había quedado atrapado. Si el futuro no existe la vida pierde sentido.
La esperanza es, pues, el futuro anticipado en el presente, que dinamiza los resortes vitales ya que el hombre entiende que no cualquier modo de vivir es adecuado si quiere tener dispo-nible el futuro que anhela. El futuro no es para él un regalo, ni un feliz hallazgo casual, ni un triste e ineludible destino, sino una tarea; el hombre es constructor de su propio futuro. Nues-tro hoy condiciona nuestro futuro, nuestro futuro es hoy. A quien pasa del presente le ocurrirá que, por eso mismo, el futuro pasará de él. En este caso la esperanza -si todavía se puede seguir llamando así a ese deseo inconsistente y efímero, incapaz de movilizar la vida, es va-na, vacía: esperanza cero.
2. La vida como relato y representación
El hecho de que la vida del hombre sea una realidad que se distiende en el tiempo, significa que aún no somos lo que hemos de llegar a ser. Por otro lado está el hecho de que la vida humana no está compuesta sólo ni principalmente de lo que a uno le pasa, aunque en la vida pasan cosas, sino de lo que uno hace con aquello que le pasa. Hemos hablado de esa distin-ción que ya hacían los clásicos entre zoé -la vida biológica- y biós -la vida biográfica-. La vida propiamente humana es biografía, vivir es estar metidos de lleno en cada momento en el cui-dado de escribir la propia biografía. Aparece así la idea, tan sugerente como veraz, de la vida como relato.
Hace tiempo que la filosofía -particularmente la antropología- reparó en la consideración de la estructura narrativa de la existencia humana. Vivir es construir una historia, inventar cada uno su propia historia y contarla a los demás, mostrarla a quienes deseen oírla. A los hombres nos pasa lo que a Sherezade, la protagonista de Las mil y una noches: que para seguir vivos, cada día se ha de saldar con un cuento (Marín). ¿Recuerdan el argumento de esa historia? Un califa (en realidad son dos) es engañado por su esposa; como venganza, la mata y decide no volver a casarse, sino elegir cada noche una mujer, a la que hace matar de madrugada. Sherezade, la hija del visir, en contra de los consejos de su padre, se empeña en acudir a las sesiones nocturnas del califa y, ante el asombro de todos, no es ejecutada al romper el día. Esta situación se prolonga durante mil noches, al cabo de las cuales el califa termina casán-dose con ella. El medio empleado por Sherezade para sobrevivir es sencillo: consiste en con-tar al califa distintos cuentos que nunca terminan de madrugada, sino que siempre ocurre que el alba sobreviene en el punto más interesante de la narración. El califa, intrigado por el inte-rés del cuento, pospone la ejecución para el día siguiente; y así un día y otro, porque apenas terminado un cuento, Sherezade comienza otro, con el que ocurre lo mismo que con el ante-rior, etc.
Vivir es, de algún modo, repetir la audacia de Sherezade: atreverse a inventar cada día la propia historia, la historia personal. Teniendo en cuenta también que nosotros nos jugamos mucho en ello: también a nosotros -nunca mejor dicho- nos va la vida en ello. Dos cosas fue-ron necesarias para que el intento de Sherezade resultara un éxito: el interés de los cuentos en sí mismos y la gracia y el estilo en la manera de contarlos.
Sobre el interés cabe decir que la narrativa moderna -ya desde Chéjov, al menos- ha descu-bierto el valor de lo ordinario, de lo cotidiano, como motivo literario. No se trata de grandes re-latos épicos, de realizar grandes hazañas, sino de caer en la cuenta de que lo verdaderamen-te interesante, lo prodigioso, es el hombre mismo. Lo prodigioso está ahí, con su apariencia de obviedad, de vulgaridad casi, pero hay que saber verlo. Ya advirtió Proust que “el verdade-ro viaje del descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes sino en mirar con ojos nuevos”.

Esto contrasta con cierta tendencia a interpretar la vida como algo que nos viene desde fuera, que nos asalta desde el exterior. Ya hemos dicho con anterioridad que de esos dos elemen-tos fundamentales y complementarios de la vida del hombre -lo que al hombre le pasa y lo que el hombre decide hacer con lo que le pasa- el específicamente humano es el segundo. Vivir es hacer un acto positivo sobre la propia vida, un acto de posesión y de dominio: poner las manos sobre lo que nos pasa y, como si fuera una masa, atraparlo y moldearlo.
La aceptación sistemática y pasiva de lo que nos ocurre equivaldría a ausentarse de la tarea de construirse una vida. La pasividad, el asistir a nuestra vida como tan sólo de cuerpo pre-sente, significaría la aceptación de ser nadie. Es esencial esa decisión, esa audacia para to-mar posesión de la propia vida. Y como en todas las cuestiones prácticas en las que intervie-ne el tiempo, también aquí se cumple que no tomar una decisión debida significa haber to-mado ya una; hay decisiones que se toman por omisión, por inhibición.
Que el hombre sea autor de su propia biografía significa que cada uno, al vivir, está decidien-do entre varias posibilidades que se le presentan:
• si desea escribir él mismo su propia vida o, a la vista de las dificultades que entraña, de-siste y se la encarga a otros (los negros, escritores a sueldo de memorias y discursos por cuenta ajena que se publican con la firma no del autor sino del patrón). La vida hecha por encargo es la vida aceptada pasivamente, en la que el sujeto renuncia en la práctica al dominio efectivo de los resortes controladores del propio vivir. Es uno de los modos de abdicar de la identidad personal de no ser nadie.
• si desea que su vida sea una historia personal, original, o se dedica a la productiva y fácil industria del plagio, de la copia. En este caso uno no se ausenta de su vida pero la con-vierte en una historia repetitiva y monótona, mil veces contada, aburrida y pesada: la mis-ma historia de siempre. Vidas estandarizadas conforme a los patrones sociales vigentes en las que cambia únicamente el nombre del protagonista (por llamarle de alguna manera, porque en realidad no protagoniza nada) pero no la peripecia, idéntica en todos los casos. Esto puede ocurrir cuando se aceptan acríticamente los eslóganes y consignas dominan-tes en el medio social. La opinión pública, la publicidad, los criterios sociales y las modas pueden no sólo influir -esto es lógico- sino también conformar sustancialmente la vida, las líneas decisivas del proyecto personal, que por eso mismo acaba teniendo muy poco de personal. También aquí se cumple, como en la Biología, la ley de que quien se adapta tan completamente al medio que se uniforma con él, pierde la capacidad de sobrevivir a los cambios. La supervivencia está en ese equilibrio no muy definible entre adaptación e in-novación. Para innovar, para no estancarse y hacer progresar al hombre, hace falta no agotar las energías en el esfuerzo de mimetizarse.

6 de febrero de 2011

EL DAÑO HUMANO

La sociedad es una construcción del hombre, porque este en su estado de indefensión tiene que recurrir a sus semejantes como estrategia de supervivencia. El agregado de seres humanos a cualquier comunidad tiene dos sentidos, el del compromiso para que sus pueblos se desarrollen o todo lo contrario.

Realizar actos en beneficio social conduce al deseo de una coexistencia y de una tolerancia. La polarización en que se suele incumbir cuando se presentan partes diametralmente opuestas, en apreciaciones y criterios, se ha convertido ya en un serio problema socio político, en donde reinan las pasiones más que las razones. Se impone así el detrimento de las sociedades, en su forma mas explicita, el daño.

Es difícil decir quién hace el mayor daño: los enemigos con sus peores intenciones o los amigos con las mejores. Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere. El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos.

Aristóteles hace en su libro de la Ética de Nicómaco una reflexión sobre la amistad. Dice “Sin amigos nadie querría vivir, aunque poseyera los demás bienes, porque la prosperidad no sirve de nada si se está privado de la posibilidad de hacer el bien, la cual se ejercita, sobre todo, respecto de los amigos. Asimismo, en los infortunios se considera a los amigos como único refugio”.defiende que algunos creen que para ser amigos basta con querer, como si para estar sano bastara con desear la salud. Para ser amigos se debe evitar el daño humano. Es una forma consciente de vivir en sociedad. Si alguien daña a otra persona, esta dañando a la sociedad misma, esta violando todos los derechos sociales. Ante esta necesidad hay que cuidarse de los excesos en el actuar y en el sentir.

El daño humano se refleja en la Ley misma. El hombre la ha creado para evitarlo, porque la ley reconoce el fin justo y útil, pero puede acontecer que en ciertas circunstancias se tornen injustas en algunas consecuencias. Solamente la ley tiene el poder y la obligación de limitar las actividades del ser humano mientras estén dentro de los límites de lo correcto y de la defensa de la integridad del hombre.

Por lo tanto el hombre debe saber de antemano que es lo que puede hacer y lo que no, fijándose a través de la ley si va a producir el daño o no. El daño puede ser material, intelectual o daño ideal.

Frente al daño se encuentra el castigo, este es una forma clave de control social, con la explícita función de corregir el comportamiento de los individuos. El no cumplimiento de la Ley conlleva un daño social. El análisis sobre los problemas del daño, la responsabilidad y la reparación varía con cada horizonte de época. Hoy debe verse el daño humano como el resultado de una convergencia de elementos como el hecho, la causalidad y la culpa y de este, la indemnización que merece la victima ante el injusto sufrido con el fin de concretar el ideal de justicia humana.

No se puede hacer daño al hombre, su condición de ser integro e irrepetible lo determina en su exigencia de merecer respeto y acatamiento. Es una forma de vida más racional y de más sentido social. El hombre debe vivir dignamente y ser valorado para evitarle dañar la sociedad.