SOMOS POLVO DE ESTRELLAS

SOMOS POLVO DE ESTRELLAS

20 de mayo de 2015

CORRUPCIÓN

Quizás una de las graves enfermedades que aqueja nuestra estructura social es la corrupción, que permea prácticamente todas las instituciones nacionales.

Son muy mediáticos los casos de corrupción oficial, de la que no se escapa prácticamente ninguna entidad... corrupción en la salud, en la contratación, en las fuerzas armadas, en las alcaldías, en las gobernaciones, en los institutos descentralizados, en las altas cortes.

Pero muy poco de habla de la corrupción en el sector privado. Miembros de juntas directivas o presidentes de compañías que se aprovechan de información confidencial privilegiada para, por intermedio de testaferros, hacer negocios en su beneficio personal. Jefes de compras que reciben comisiones de los proveedores para favorecerlos con pedidos. Y es tan corrupto el que recibe la “coima” como el que la ofrece.

Altos empleados que piden reintegro de gastos que no efectúan. Gerentes que con la complicidad de contadores y revisores fiscales, maquillan la información para volver buenos resultados unas pésimas gestiones.

Empresas competidoras entre sí, que forman “carteles” para manipular mercados, precios y territorios. Vendedores que tienen contrato de exclusividad con una empresa pero que manejan otras líneas que compiten con las de la compañía que les paga.

Y así, múltiples formas de corrupción en el sector privado que cuando se destapan se resuelven casi siempre con el despido del funcionario. De ahí no pasa. El corrupto, muy orondo, vuelve a ser contratado sin ser sometido a ningún tipo de sanción moral o económica.

En el sector público, escasas, pero se dan sanciones pecuniarias y morales para los corruptos. Qué tal si las empresas privadas adoptaran un código de conducta para informar, por ejemplo, a las Cámaras de Comercio el nombre de esos funcionarios de forma que esas listas se puedan consultar públicamente.

Seguramente dirán que eso atenta contra la libertad individual o contra el libre desarrollo de la personalidad. Pero es urgente que se tengan herramientas efectivas para combatir quizás el mayor mal de nuestra sociedad.


Julio César Tettay  Calle
http://www.elcolombiano.com/cronologia/noticias/meta/julio-cesar-tettay-calle

16 de mayo de 2015

CODIFICAR LA ÉTICA

En otro momento hablábamos de la moda o proliferación de códigos éticos, impuesta entre instituciones públicas, e incluso algunas empresas. Pues bien, recientemente, como se informó, una formación política presentaba también su Código Ético. Y pensamos, en voz alta, por qué diantres hay que elaborar un código ético cuando realmente la ética es una virtud que debe caracterizar al hombre. Decía Aristóteles: “El hombre virtuoso sabe conducirse bien y seguir el camino recto”, y subraya que la virtud es “un medio entre dos vicios, que pecan uno por exceso, otro por defecto”.
O lo que es lo mismo. La ética, la moral, la virtud, reside en la persona, pues cada uno ha de obrar en consecuencia con unos principios morales, dado que de no hacerlo, es actuar “amoralmente” y esto, en aquellos que se dedican o se quieren dedicar a la política, es una exigencia de primer nivel.
Parafraseando al filósofo griego antes mencionado, “la ciencia política y la prudencia son una sola y misma disposición moral”. Pues bien, Anova, en su anunciado código ético, afirma que les “guiará” su actuación si consiguen algún escaño en la nueva corporación municipal y afirman que dimitirán si hacen una “mala gestión o incumplimiento flagrante y no justificado del programa”. Y por supuesto, rechazan regalos y privilegios y abogan por “finanzas éticas”.
Sobre el papel todo queda muy bonito, pero en realidad, ¿es necesario un código que regule el comportamiento de la clase política? A priori, toda aquella persona que ejerza la política, ¿no se da por hecho que es honesta?...
Como decimos, mal andan las cosas si tenemos que regular la actuación pública de quienes aspiran a algún resorte del poder. Y por supuesto, la ética no es necesario “codificarla”. Esto es un invento de la modernidad con el que se pretende paliar la carencia de bondades en toda aquella persona que pretende desempeñar una función al servicio del ciudadano y a la que accede mediante sus votos.
Juan José Feijóo

http://www.laregion.es/opinion/juan-jose-feijoo/codificar-etica/20150515083526543789.html

25 de abril de 2015

AGNOSTICISMO Y ATEISMO

El agnosticismo es aquella postura filosófica o personal que, a grandes rasgos, considera inaccesible para el ser humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende o va más allá de lo experimentado o experimentable. Mientras que el ateísmo niega la existencia de un dios como ente sobrenatural en el que se concentra lo divino y permite creer en eventos sobrenaturales que trascienden lo experimentable, el agnosticismo es una doctrina basada en las observaciones y experiencias, y por lo tanto declara como inaccesible todo fenómeno que escape de la experimentación o reproducibilidad.

El término 'agnosticismo' fue acuñado por el profesor T.H. Huxley en una reunión de la Metaphysical Society en 1876. El definió a un agnóstico como alguien que niega tanto el ateísmo ("fuerte") como el teísmo, y cree que la cuestión de si existe un poder superior es indeterminable e irresoluble. Otra forma de decirlo es que un agnóstico es alguien que cree que no sabemos ni podemos saber con certeza si Dios existe.

La palabra agnóstico es de origen griego. A diferencia de los Gnósticos, los agnósticos consideran cuestionable la existencia y evidencias de un Dios como entidad suprema. No suponen hablar de ninguna verdad como absoluta por no poder ser demostrada. Suponen ciertos conocimientos por considerar que el humano no va más allá de su propia existencia. Alegan que para saber si una verdad es absoluta se debería conocer la eternidad de posibilidades y no seria posible ya que el cerebro humano posee límites.

Es una tendencia que suelen tener los gnósticos luego de comprender que tomar ciertos conocimientos como hechos o verdades seria idóneo. Pero si lo toman en cuenta como simples pautas de suposición para comprender otras circunstancias y poder llevar a cabo diferentes comunicaciones, para el progreso y aprendizaje.

 Últimamente, la creencia en una realidad indetectable y trascendente ha acabado en la fe antes que en la razón. Las iglesias han convencido a la mayor parte de la raza humana de creer en lo increíble, darle crédito a lo inverosímil, racionalizar lo irracional. Un ateo es alguien que no puede creer en algo que no tiene base racional, que es nada más que una fantasía y una delusión arrastrada desde la infancia ignorante y supersticiosa de la raza humana.


Cuando se es miembro de alguna religión, no se es libre de usar el propio juicio. Se espera que se aplace el juicio por el de otros que aseguran tener autoridad sobrenatural. Y desde el momento en que ellos no ofrecen evidencia para avalar lo que dicen excepto su propia palabra, se te pide que evites usar tu propio intelecto en el proceso.

27 de marzo de 2015

MÁS DÓCILES Y MÁS COBARDES

El ‘smartphone y la tableta invaden todas las esferas de la vida cotidiana. Además de sus múltiples virtudes, los dispositivos electrónicos han conseguido atomizar a la sociedad y ahora estamos cada vez más solos.

El filósofo italiano Giorgio Agamben, en su inquietante ensayo titulado ¿Qué es un dispositivo?, llega a la conclusión de que hoy tenemos “el cuerpo social más dócil y cobarde que se haya dado jamás en la historia de la humanidad”. Esa docilidad y esa cobardía que Agamben percibe está relacionada con los teléfonos móviles y con las tabletas a las que vive conectado un habitante común del siglo XXI.

Pero estos aparatos electrónicos, que son el punto en el que termina el ensayo, no son más que la evolución de los dispositivos que han modelado el comportamiento y los destinos de la humanidad desde hace siglos. ¿Qué es un dispositivo? Agamben echa mano de las ideas de Michel Foucault, de Jean Hyppolite y de Hegel para establecer que el dispositivo es eso que tiene “la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, las opiniones y los discursos de los seres vivientes”, y esto incluye no solo las instituciones como la escuela, las fábricas, la religión, la constitución y el manicomio.

También son dispositivos “la pluma, la escritura, la literatura, la filosofía, la agricultura, el cigarrillo, la navegación, los ordenadores, los teléfonos móviles y —por qué no— el lenguaje mismo, que quizás es el más antiguo de los dispositivos”. En suma, Agamben divide al mundo en dos grandes clases: los seres vivientes y los dispositivos, que forman una intricada red que, inevitablemente, nos condiciona, nos hace pensar, reaccionar y conducirnos de una manera determinada, aun cuando nosotros estemos muy convencidos de nuestra originalidad.

Pero el filósofo italiano termina su ensayo precisamente en cuanto aparecen el smartphone y la tableta, que han venido a revolucionar, y a multiplicar de manera masiva, esos dispositivos que nos han acompañado desde el principio de los tiempos, pues ninguno de estos, ni las fábricas ni los manicomios ni el cigarrillo ni la agricultura, han sido tan invasivos, ni han gozado de tanta impunidad como las tabletas y los teléfonos móviles, que son también, a su vez, dispositivos, y que invaden absolutamente todas las esferas que conforman la vida cotidiana de un individuo.

Además, invaden, a diferencia de aquellos dispositivos altamente invasivos como la religión, o las dictaduras, o el capitalismo rampante, de manera rigurosamente personal, más bien de forma personalizada, en un permanente y muy íntimo tête à tête con el usuario de la tableta o el teléfono. Y no hay que dejar de lado otra diferencia con los dispositivos invasivos, la de que el usuario tiene en alta estima a su aparato electrónico, lo lleva a todos lados, no puede vivir sin él, lo ama y le preocupa que su aparato envejezca y caiga en desuso, le preocupa no estar al día, le agobia que su dispositivo no sea ventana suficiente para mirar, y empaparse, de todos esos millones de dispositivos que son las páginas web, las redes sociales, las aplicaciones que sistematizan y propagan los millones y millones de dispositivos que están ahí palpitando, a un solo clic de distancia, listos para que el usuario voraz los consuma, los digiera y, a la postre, se deje conformar por estos.

Antes de los teléfonos móviles, y de los ordenadores, el individuo gobernaba mejor su relación con los dispositivos, tenía espacio para reflexionar, la información se administraba con una velocidad de escala humana; hoy la escala es la velocidad de la luz y en ese batiburrillo de pronto el planeta entero, como sucedió hace unos días, debate si el vestido que llevaba una señora a una boda era blanco y dorado, o azul y negro. ¿La discusión sobre el color del vestido era importante?, seguramente no, pero era la que con más fuerza entraba por los aparatos electrónicos y esto nos da una idea de la nueva jerarquía que establece el siglo XXI.

Tiene razón Giorgio Agamben cuando dice que nunca en la historia de la humanidad la sociedad ha sido tan dócil y tan cobarde, quizá porque nunca habíamos consumido tantos dispositivos, estamos permanente distraídos, con la atención puesta en demasiadas cosas simultáneamente y eso nos hace vulnerables, hemos abierto demasiadas puertas y la atención que requiere atenderlas a todas nos va condenando poco a poco a la individualidad, nos va convirtiendo en individuos que se bastan a sí mismos, que pueden prescindir, cada vez con más confort, de la vida en comunidad.

Los teléfonos y las tabletas, además de sus múltiples virtudes, también han conseguido atomizar a la sociedad y quizá por esto, porque estamos cada vez más solos somos hoy más dóciles y más cobardes. Y en esa rotunda soledad a la que nos invita la tableta, estamos expuestos permanentemente al discurso oficial de este milenio, que es el de la preocupación de los Estados por la salud de sus ciudadanos, y la preocupación de las familias por la salud de sus individuos; vivimos bombardeados por millones de dispositivos que nos hacen ver, con una insistencia francamente sospechosa, lo perjudicial que puede ser fumar, beber alcohol, consumir grasas saturadas, no hacer ejercicio; una batería de dispositivos del miedo al envenenamiento corporal, a la decadencia física, al peligro, que atemorizan al individuo y que, seguramente, tiene que ver con eso de que somos el grupo humano más dócil y más cobarde que ha producido la humanidad.

Observemos, desde nuestra individualidad atómica, lo que ya ha pasado, en este siglo que apenas comienza, con el acto de sentarse a mirar la televisión, que en el siglo XX sustituyó al acto colectivo de sentarse alrededor del fuego; el televisor estaba en el salón y la casa gravitaba entorno a él, como también pasaba con el tocadiscos: la tele y la música eran dos grandes pretextos para convivir con el otro.

Hoy este paisaje doméstico ha sido erradicado, se ha atomizado, cada individuo mira lo que quiere en su tableta, en su habitación y en solitario y, el aparato de televisión, que se parece cada vez más a un monitor de ordenador, o a una pantalla de cine, subsiste gracias a las películas y a los partidos de fútbol, los dos espectáculos que son capaces, todavía, de congregar a un grupo de personas que atiende a una sola propuesta. Desde luego que la tableta tiene enormes ventajas sobre la televisión, no está sujeta a un horario, se puede hacer una pausa o repetir una escena, se pueden ver producciones de todo el mundo y puede evitarse la publicidad; pero estas contundentes ventajas solo lo serán de verdad si somos conscientes de lo que esa misma tableta nos ha arrebatado.

La imagen que ilustra de verdad la atomización que producen estos aparatos electrónicos, es la del individuo que escucha música enchufado a unos cascos. La calle está llena de gente que lleva cascos, cada vez más ostentosos, y que con frecuencia van cantando la canción que solo ellos oyen; van atendiendo parcialmente los accidentes del camino y transmitiendo a los que se topan con ellos, el mensaje que pretendo atrapar desde que comenzaron estas líneas: aquí voy, en medio de la multitud, completamente solo.
Pensemos en lo que era escuchar música en el siglo XX, era el acto colectivo por excelencia, se ponía un disco que oían los demás y la obra musical generaba una conversación, un intercambio de ideas, una convivencia, cosa que todavía puede hacerse hoy pero que ya ha caído en desuso, porque lo de hoy es lo atómico, el individuo solo con sus cascos. Y como complemento de esta nueva tendencia, también la música se ha atomizado, ya nadie escucha un disco completo, la música se vende por canciones, a pedazos.

Pensando desde la paranoia, parece que alguien se ha puesto a aplicar aquella máxima de divide y vencerás, o mejor: atomiza y tendrás una multitud de individuos solitarios, dóciles y cobardes.

Jordi Soler

http://elpais.com/elpais/2015/03/16/opinion/1426529697_159621.html

27 de febrero de 2015

SOLUCIÓN DE CONFLICTOS

Las relaciones entre las personas están determinadas por la aparición de conflictos que surgen de las formas diferentes de ver la realidad y comprender el mundo social. Cuando los conflictos no tienen una solución racional se convierten en violencia y esta puede desestabilizar cualquier organización social.

Como norma universal es importante la búsqueda del control entre las partes afectadas. Para lograrlo es necesario la prudencia y la decisión de reprimir la ira que surge entre ambos.

El manejo del tono de la voz produce efectos positivos, de ahí la importancia de no gritar y de tener templanza y capacidad de manejo de los actos emotivos. Esta condición disminuye el nivel de agresividad y genera posibilidades de acuerdos racionales.

La tendencia del ser humano a vencer en todos los momentos de la vida, le permite usar esta condición para que el contrincante sea el ganador. En el fondo cuando al otro se le concede la razón, este baja su nivel de agresividad y se presenta dispuesto a la negociación. La aparente derrota se convierte en una gran victoria sobre sí mismo.

Cuando sea necesario realizar una crítica de un evento social es importante hacerla con lealtad, desarrollarla en forma serena y sencilla, y sobre todo pensando en el otro, en su bien. Es preciso, y representa un reto, ser fuerte, prudente y recto para actuar de esta manera.

Las formas de actuación de las épocas pasadas deben ser retiradas del proceso de negociación. No es condición sinequanon echarse los errores de cada una de las partes afectadas. Ambos deberán estar en iguales condiciones y esto permite una aproximación más rápida y racional en la solución del conflicto.

La tenacidad y la perseverancia representan las virtudes, que deben mover a las partes, en el logro de acuerdos que beneficien a ambos. Es necesario ceder y conceder para el logro de la paz. Frente a esto es necesario hacer uso de la claridad y de la humildad para reconocer la parte de culpa propia, el olvido de los rencores y la confianza en el otro.

El ser humano y las organizaciones sociales son receptivas de mensajes constructivos, de reconocimiento y de loas que redunden en su propio crecimiento, por ello es importante expresar ideas y conceptos que en cierto modo, vituperen la condición de ser significativo en lo social. Las partes involucradas en el conflicto deben desempeñarse con cordialidad y galantería.

El respeto por los actos equivocados del otro genera confianza y se debe estar dispuesto para admitirlos con sinceridad y sencillez. El errar es de los humanos pero cuando se admite este y se pide perdón con humildad, el hombre mismo y la sociedad perdonan. Esto es la representación de la máxima condición de lo humano. Por eso siempre se quiere vivir en paz.

Estratégicamente si una de las partes decide no pelear, el otro se siente que tiene que bajar su nivel de actor en el conflicto y por eso el que está equivocado es el que más habla. El más racional está más sereno y es el que mejor puede ceder.


En la solución de los conflictos sociales es necesario aplicar el refrán: “ni tan cerca que queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre”. Debemos encontrar la distancia correcta.

23 de enero de 2015

CULTURA CIUDADANA: UNA CONDICIÓN HUMANA

Es preocupante que a pesar del incremento de la escolaridad promedio en nuestra población, cada día seamos testigos de actos que son manifestación de un actuar pre convencional, infantil, que revela deficiencias graves en la socialización básica y falta de la más mínima apropiación de una cultura cívica que nos permita unas condiciones mínimas para vivir en sociedad y proteger el hábitat, patrimonio de todos.

Preocupa al caminar por el centro de nuestras principales ciudades, el nivel de basura en nuestros andenes, calles, lotes sin construir y otros espacios públicos, generado por una inadecuada disposición de estos residuos sólidos por establecimientos comerciales y familias, a la vez, que por la ofensiva costumbre de tirar al suelo papeles, botellas y elementos de desecho sin hacer el mínimo esfuerzo por buscar un recipiente para su adecuada disposición.

Ciudadanos de todos los estratos, arrojan a la calle, desde automóviles particulares y buses, todo tipo de basuras como si ésta fuera el lugar natural de los mismos; estudiantes de educación básica, media y superior en sus cafeterías, aprenden a convivir con la basura, el desaseo y los desperdicios arrojados por ellos mismos como si esta situación fuera lo normal.

Definitivamente estamos fallando todos los educadores, desde los padres de familia, donde se inicia la socialización primaria, los planteles de educación básica y media, las universidades y finalmente el Estado conductor de las políticas públicas. Da pena al llevar a visitantes europeos y de otros países con mayor desarrollo a algunos sitos de nuestras ciudades, el tener que caminar en medio de basuras y del desaseo y el abandono.

Nos hemos acostumbrado a un mundo altamente contaminado con los residuos generados por nosotros mismos sin pensar que esos basureros callejeros además de afear la ciudad y mostrar nuestra falta de cultura, son un caldo de cultivo de roedores y gérmenes que atentan contra la salud pública. Igualmente es preocupante que quienes son los encargados de recoger las basuras en muchos casos lo realizan de una manera tan poco técnica que terminan repartiendo parte de lo recogido por las calles y espacios públicos. Los habitantes de calle a quienes no hemos educado y los animales domésticos callejeros, contribuyen al problema al romper las bolsas de basura y regar mucho de este material de desecho alrededor de los sitos de disposición provisional de las bolsas de basura.
  
Lo anterior nos lleva a la necesidad de diseñar programas integrales para concientizar a los ciudadanos, desde niños, de la importancia de una adecuada disposición de los residuos sólidos en los núcleos urbanos, de una adecuada educación desde la infancia en el respeto por el medio ambiente y por los congéneres, que no queremos ver convertidas nuestras ciudades en basureros crecientes y de la creación de una cultura del reciclaje que además de generar recursos para los grupos que laboran en esta actividad, permitan la utilización posterior de mucho material, produciendo dinero importante para la sociedad y evitando que al no de ser reutilizado siga contaminando por largos períodos de tiempo.
  
Si los programas del Estado, no se apoyan en las entidades educativas y en especial en preescolares y centros de educación básica y media, no lograremos un cambio cultural positivo que evite convertir a nuestras ciudades en desagradables basureros. Los niños y los jóvenes con educación son los que deben cambiar esta situación.

José M. Maya M.

http://www.larepublica.co/promovamos-una-cultura-c%C3%ADvica-en-nuestras-ciudades_211536

15 de enero de 2015

DE CÓMO YIHADISTAS CONQUISTAN A JÓVENES

El ser humano tiene que obrar con criterio propio. No puede dejarse manipular. Tiene que tener su propia capacidad de decisión. Ramiro Pérez Alvarez

Steffi, una joven alemana que se convirtió al islam, cuenta cómo fue reclutada en Internet por salafistas fundamentalistas y llegó a pensar unirse a la Guerra Santa. Hace dos años logró liberarse del grupo radical.

“Te dicen que formarás parte de una familia y, si te unes a la Guerra Santa, te prometen el paraíso”, dice Steffi, de 25 años de edad, que estuvo ocho años en las filas del salafismo en Alemania. “Los videos que muestran son tan sugestivos, que tuve una fase en la que llegué a pensar que tenía que unirme a su lucha terrorista”, dice la joven alemana, hoy exsalafista, que fue reclutada cuando tenía apenas 15 años.

“Aún no me puedo explicar por qué. A pesar de que antes no era religiosa, la propaganda de los salafistas logró convencerme”. El papá de una compañera de la escuela, que era imán, invitó a la chica alemana a su mezquita y pronto dejó de ser miembro de la iglesia católica para convertirse al islam, aprendió a rezar el Corán y a cubrirse la cabeza con mantos. Steffi también se unió a un grupo yihadista presente en Facebook.

Una joven que incita al asesinato

“Yo no era consciente de lo que hacía y acabé aceptando lospostings con ideas radicales que me llegaban”, dice Steffi. Poco a poco esta chica fue adoptando las posturas radicales que leía y escuchaba y empezó a acosar a quienes no fueran musulmanes. Steffi llegó incluso a llamar al asesinato de esas personas.

La situación de Steffi se volvió cada vez más insoportable: “Yo ya no podía decidir libremente. Mi horizonte se cerraba y ya no podía pensar sino lo que me ordenaban. No les gustaba que mi exmarido no orara mucho, porque era más liberal, y quisieron obligarme a abandonarlo, irme a Afganistán y casarme con un muyahidín”.

Si bien no aceptó irse a Afganistán, Steffi perdió a muchos de sus antiguos amigos. La relación con sus padres siempre fue difícil y conflictiva. Ellos no se preocuparon por su futuro, ni siquiera cuando vieron que sus ideas eran cada vez más radicales.

Entrar es fácil, salir puede costar la vida

Pero Steffi logró salir del infierno el que se metió sin la ayuda de sus padres. Las primeras dudas sobre su errado camino le surgieron cuando escuchó las prédicas de Denis Cuspert, hoy uno de los más conocidos miembros del grupo terrorista Estado Islámico que “alababa las ventajas del paraíso y prevenía contra los no creyentes”.

“Las palabras de Cuspert me hicieron recapacitar porque de él esperaba importantes enseñanzas religiosas y no que hablara solo de muerte o de que me tenía que cubrir toda la cara”. Steffi llevaba un pañuelo que cubría su cabello, algo que no le gustó a las mujeres radicales del grupo, que empezaron a difundir mentiras sobre ella en Facebook, como “que conocía muy poco el islam o que era una espía”.

Eso rebozó la copa y se dijo “¡Basta!. Ese no es el islam que yo busco”. Su salida duró seis meses más. Hoy, Steffi termina sus estudios medios y frecuenta una mezquita de una comunidad liberal. Más adelante quiere ayudar previniendo a otros jóvenes, visitando escuelas y colegios para contar la historia de cómo se envolvió con radicales islámicos y de cómo se desprendió de los mismos. Steffi concluye: “Eso es pura violencia, la que reina en ese medio. Y la mayoría de los chicos no pueden salir sin ayuda externa”.

http://www.dw.de/de-c%C3%B3mo-yihadistas-conquistan-a-j%C3%B3venes/a-18195223

12 de diciembre de 2014

EL EJEMPLO

El hombre existe durante un tiempo muy breve y en esta línea siempre busca perpetuar la vida consciente. El proceso de las vivencias cotidianas le deja una experiencia, a veces agradable y otras veces cruel, todo depende de la capacidad para hacer frente a las vicisitudes de su entorno y aún de la naturaleza misma.

En las relaciones entre padres e hijos se busca, como consecuencia, la inclusión de modelos que permitan, en sus descendientes, una forma más inteligente de hacer frente a sus problemas. Y desde este ángulo, el conocimiento es la forma más indicada para hacer frente a sus problemas. Este último genera las soluciones más expeditas en su diario acontecer para avanzar en su condición humana.

Engendrar hijos convierte a los hombres en portadores de la antorcha del descubrimiento del mundo. Estos son responsables para que sus descendientes aporten al bienestar de la humanidad y al desarrollo de la comunidad mundial.

Según la concepción tradicional del progreso, los hijos deben recibir el conjunto de valores y de buenas costumbres que le permitan moverse por el camino de lo sano y de lo constructivo.

A veces los hijos no quieren oír a sus padres, pero en forma permanente los están observando. El ejemplo es la forma concreta y sagaz de trascender hacia estados superiores y de transmitir, a las generaciones que nos suceden, un camino de vida.

El ejemplo es el proceso de realización de actos humanos de beneficio y de calidad de vida y de transmitirlos a otros a modo de repetirlos en períodos subsiguientes. Todos hemos sido receptores de modelos ejemplares y que hoy reproducimos en aras de un mejor estar.

La educación debe construir primero el carácter para que en la vida futura el ser humano pueda avanzar con criterio propio. El mundo de hoy exige un entrenamiento altamente especializado tecnológica, científica y profesionalmente con metas puramente de rendimientos económicos.

Es necesario inyectarle al humano del futuro una adecuada dosis de ejemplo que le permita reproducir modelos de avance de la condición humana. Mediante el ejemplo, el desarrollo del hombre mismo, de su carácter, del correcto sentido de los valores, el conocimiento del propósito real de la vida, el hombre puede determinar el camino hacia las más altas conquistas de la paz, la armonía y la justicia.

La educación moderna está formando para desarrollar la máquina, pero está fracasando en desarrollar al hombre. La observación permanente de los hijos a sus padres, les permite copiar modelos de vida; es por esto que tenemos el deber de trabajar por ellos, dejándoles una ruta que les permita la transparencia de sus actos y la bondad en sus pensamientos.

El ejemplo arrastra como nos lo decían nuestros antepasados. Es un camino de vida.

22 de noviembre de 2014

COSAS QUE LA GENTE MENTALMENTE FUERTE NO HACE

Las cosas que hacemos no (siempre) son las que marcan una diferencia en nuestras vidas; es frecuente que las cosas que evitamos realizar son las que causan el mayor impacto.

Vivir en el pasado
Individuos mentalmente fuertes se centran en el momento presente y en el futuro próximo. Ellos entienden que el pasado esta fuera de su alcance y que el futuro lejano es demasiado impredecible como para tenerlo en cuenta.

Permanecer en la zona de confort
La zona de confort es un lugar peligroso, un oscuro abismo donde cualquiera que permanece allí por mucho tiempo se termina perdiendo. Mantenerse dentro de la zona de confort es renunciar a la vida.

Omitir las opiniones de los demás
Sólo los necios creen ser suficientemente buenos en todos los aspectos. Cuando se trata de una lluvia de ideas, éstas pueden ser tan forzadas como capturadas. Una buena idea es una buena idea, independientemente de si se me ocurrió a mí o no. No dejes que tu ego saque lo mejor de ti; si alguien te ofrece un consejo, tómalo.

Evitar el cambio
Lo que la gente mentalmente fuerte entiende y los demás, no es que el cambio es inevitable. No tiene sentido tratar de evitar lo inevitable. Por lo tanto, tratar de evitar el cambio no tiene sentido; es una mera pérdida de tiempo y energía.

Mantener una mente cerrada
Uno nunca sabe todo. Incluso las cosas que uno cree saber, posiblemente no sean totalmente verdaderas. Si uno mantiene una mente cerrada, uno se impide a sí mismo aprender nuevas cosas. Si dejas de aprender, dejas de vivir.

Dejar que los demás tomen decisiones por ellos
Solo usted debe tomar sus propias decisiones; no podemos permitir que otros las tomen por nosotros. Todo lo que esto hace es trasladar la responsabilidad de uno hacia otra persona, pero al final quien termina fracasando es uno mismo.

Ponerse celoso por el éxito de los otros
Uno debería ponerse feliz cuando los demás tienen éxito. Si ellos pueden lograrlo, uno también puede. El éxito de los demás no significa, de ninguna manera, que se disminuyen las probabilidades de que usted tenga éxito. En todo caso, esto nos debe motivar para seguir empujando hacia adelante y, así, conseguir el éxito.

Pensar en las posibilidades de fracaso
Nuestros pensamientos controlan nuestra perspectiva; nuestra perspectiva controla nuestro éxito. La gente mentalmente fuerte entiende esto y lo usa a su favor. Siempre existe la posibilidad de fracasar, pero mientras existe la chance de triunfar, vale la pena hacer el esfuerzo.



Sentir pena por sí mismos
Cosas malas siempre suceden. La vida puede ser muy dura. La gente se lastima; otros mueren. La vida no es todo color de rosa. Uno se caerá del caballo una y otra vez. La cuestión es si uno es lo suficientemente fuerte como para volver a levantarse.

Tratar de complacer a la gente
Un trabajo bien hecho es un trabajo bien hecho, sin importar quién esté juzgando el producto final. Uno no puede complacer a todo el mundo, pero siempre podemos hacer nuestro mayor esfuerzo.

Culparse a sí mismos por cosas que están fuera de su control
La gente mentalmente fuerte sabe qué cosas puede controlar, y sabe lo que no puede controlar, y por eso, evita pensar en lo que escapa de sus manos.

Ser impaciente
La paciencia no es solo una virtud; es “LA” virtud. La mayoría de la gente no fracasa porque no es lo suficientemente buena o porque es incapaz de triunfar. Esa gente falla porque es impaciente y se rinde antes de tiempo.

Ser malentendido
La comunicación es clave para que cualquier sistema funcione correctamente. Cuando se trata de personas, las cosas se tornan un poco más difíciles. No es suficiente solo con entregar la información; si los oyentes no te entienden, el mensaje no se recibirá correctamente. La gente mentalmente fuerte realiza su mayor esfuerzo por ser entendida, y además, tiene la paciencia necesaria para aclarar cualquier malentendido.

Sentir que los demás están en deuda contigo
Nadie te debe nada en la vida. Uno nace; lo que resta depende de nosotros mismos. La vida no nos debe nada. Los demás no nos deben nada. Si uno quiere conseguir algo en la vida, solo te lo debes a ti mismo; está en uno salir a buscarlo. En la vida, no existen las limosnas.

Repetir los mismos errores
Comete un error una vez, está bien. Comete el mismo error dos veces… no esta tan bien. Comete el mismo error por tercera vez, deberías considerar alejarte del alcohol y las drogas. Tú eres estúpido o estás bajo los efectos de la droga.

Ceder ante sus miedos
El mundo puede ser un lugar escalofriante. Hay cosas que nos asustan y tenemos razón en tener miedo, pero la mayoría de nuestros miedos son ilógicos. Si sabes que quieres probar algo, pruébalo. Si tienes miedo, entiende que tener miedo al fracaso significa que tener éxito es muy importante para ti.

Actuar sin pensar
La gente mentalmente fuerte sabe que no debe apresurar sus decisiones. Si tienes el tiempo para reflexionar sobre algo y cubrir todos sus aspectos, entonces hazlo. No hacerlo es pura pereza.

Rechazar la ayuda de otros
Tú no eres Superman; no puedes hacer todo. Incluso si pudieras, ¿por qué lo harías? Si otros te ofrecen su ayuda, acéptala. Sé social. Escucha las ideas de los demás y observa cómo ellos actúan. Puedes aprender algo. Si no, tú puedes enseñarles algo y hacer lo que los humanos solemos hacer: sociabilizar.

Tirar la toalla (rendirse)
La mayor debilidad de los humanos es rendirse –poner un punto final, tirar la toalla–. Las personas mentalmente fuertes realizan las cosas de cierta manera. Solo haz las cosas que son importantes para ti; olvídate de lo que no te importa. Si son importantes para ti, persíguelas hasta tener éxito. Sin excepciones.


Gustavo Aldunate

http://www.elmostrador.cl/vida-en-linea/2014/09/04/20-cosas-que-la-gente-mentalmente-fuerte-no-hace/

3 de noviembre de 2014

LA ÉTICA EN LA IMPRESIÓN 3D

“La ciencia y la tecnología avanzan a pasos agigantados pero el manejo humano de sus avances preocupa a los hombres de bien. La ética debe estar a la par con los adelantos científicos.” (Pérez, Ramiro. Una ética para el hombre. 2011)

El conjunto de la humanidad se encuentra al borde de una revolución médica, asegura el director científico del laboratorio '3D Bioprinting Solutions', Vladímir Mirónov, adelantado que el primer órgano humano podría imprimirse en 2015.

La posibilidad de que en el mundo no haya en el futuro más personas que sufran discapacidades porque para ellas se impriman órganos en bioimpresoras 3D no es ciencia ficción. El director científico del laboratorio '3D Bioprinting Solutions', Vladímir Mirónov, promete que el primer órgano humano será impreso el 15 de marzo de 2015, según el diario “Komsomólskaya Pravda”

Mirónov confesó que el primer órgano que será impreso en 3D será la glándula tiroides, porque "es muy simple: por un lado tenemos la entrada arterial, por el otro la salida venosa y entre ellas un tejido celular". "La parte más difícil será demostrar que funciona en un organismo vivo", admitió.

El científico ruso adelantó que se hará un experimento con un ratón. Para realizar el estudio los científicos primero prevén exponer a la tiroides con yodo radiactivo y, como consecuencia, el nivel de hormonas en el cuerpo se reducirá drásticamente. Tras realizar el trasplante impreso, los investigadores tendrán que comprobar si el nivel hormonal vuelve a la normalidad. Una respuesta positiva, explica Mironov, significará que el trasplante funciona bien.

No obstante, Mironov destacó que es mucho más importante intentar imprimir un hígado. Según él, hoy en día nadie muere de enfermedades de tiroides, pero las dolencias del hígado cuestan cada día muchas vidas humanas.

El científico promete que pretenden imprimir el primer riñón en 2018. "Si vamos a imprimir con éxito la tiroides, hacer lo mismo con el riñón será solo cuestión de tiempo", asegura. 

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