SOMOS POLVO DE ESTRELLAS

SOMOS POLVO DE ESTRELLAS

25 de junio de 2016

LA PAZ

El hombre siempre ha sido el autor de la guerra y el responsable de la búsqueda de la paz; dos estados que se presentan en forma dicotómica y el triunfo de uno de ellos representan consecuencias para la humanidad.

La guerra es un estado de destrucción humano y del medio ambiente, generalmente se apuntala en la tecnología de la época en que se da y el vencedor termina haciendo ostentación de su poderío; este estado es el determinante de la irracionalidad y de la animalidad consciente.

A través de la historia de la humanidad siempre ha existido la guerra como una solución al deseo expansionista y de dominio sobre todo, todo ello, sustentado en la arrogancia del ser y en su condición de megalómano.

La experiencia que se tiene del fin de la guerra, determina un proceso de negociación previo, entre las partes en conflicto; en esta prima la razón y la solución, por consenso, para terminar esa fábrica de muerte y desolación.

Las ruinas y la destrucción de vidas dejadas por la guerra le dejan al hombre una reflexión: Para qué este infierno construido y para qué los objetivos logrados, desde el pisotear la dignidad humana, desunir el componente familiar y generar el caos social?

Aplicando la ley de la acción y reacción, a todo estado de guerra le sigue un estado de paz y este se logra cuando desde la conciencia racional se aprueba que el camino de la destrucción no conduce a nada porque sólo genera pánico, desánimo y huidas masivas hacia nuevos territorios.

Es aquí donde se hace necesario construir la paz, entendida ésta como la armonía y el equilibrio entre los hombres, no importa su credo, su poder, su color. Toda estrategia que se genere en función de la paz es benéfica, produce optimismo para el desarrollo del ámbito familiar y del social.

Cada una de las partes involucradas deben suspender sus niveles de arrogancia y de superioridad y deben también, buscar puntos e intereses comunes. Sin este logro nunca se podrá construir la paz. Como seres humanos somos frágiles ante el poder y los que lo ostentan se toman la autoridad para matar en forma masiva; esta es la maquinaria de la guerra.

La búsqueda de la paz implica concesiones, implica el perdón, implica la audacia en las soluciones desde lo humano, desde la razón. La paz consiste en la búsqueda permanente de soluciones racionales y humanas, en donde se respete el derecho a la vida, el derecho a disfrutar de la existencia.


La paz la hacen los hombres probos, los líderes que defienden la identidad de lo humano. Este estado permanente genera desarrollo social, genera bienestar y mejoramiento de la calidad de vida.

14 de mayo de 2016

EL PODER PARA QUÉ

Se llama modelo económico a la forma en la que se organiza la actividad económica de una sociedad, la producción de bienes y servicios y su distribución entre sus miembros. Cada modelo económico se caracteriza por su ordenamiento jurídico que especifica el régimen de propiedad y las condiciones de contratación entre particulares.

Es el Estado el que elabora e impone ese ordenamiento jurídico y se reserva para sí ciertos ámbitos y formas de actuación. El sistema económico sirve por tanto para determinar qué agentes y en qué condiciones podrán adoptar decisiones económicas.

En el último cuarto del Siglo XX se gestó en el mundo una nueva concepción que revolucionó la estrategia económica mundial. Los modelos de la economía mundial se estructuraban en la filosofía capitalista o en la filosofía comunista, y estos dos modelos habían empezado a desmoronarse.

Cuando los pueblos buscaban adaptarse a uno de aquellos comenzó a aparecer el fin de uno de ellos y el principio del fin del otro

La súbita caída del modelo comunista, construido sobre el principio socialista y sobre la dictadura del proletariado, sólo dejó una amarga experiencia como la de que no es posible una economía y un empresarismo con el manejo absolutista del Estado.

El derrumbe dejó la amargura de la farsa montada para el manejo del poder popular y mantener una creciente corrupción en sus estamentos burocráticos. El poder popular como sostén de la maldad del Estado.

La influencia comunista, producto del mandato predominante, implicó un gran problema: ¿Cómo podrían los países comunistas y los países capitalistas construir un mundo más justo, más digno, si los dos tipos de modelos hacían el mismo manejo ya mencionado?

El principio del fin del modelo capitalista lo determina el golpe dado al corazón de las finanzas del mundo occidental. El centro del movimiento de los grandes capitales, de la riqueza absoluta, del consumismo y del derroche. La recesión, la caída del valor de la moneda y el rechazo de los pueblos a este modelo de explotación y de pobreza, sólo dejan entrever el próximo descalabro de este exabrupto.

El engendro de la brecha entre pobres y ricos, el ahondamiento del estado de indigencia en las comunidades que viven bajo su techo, dejan una frustración y un resentimiento social. Así, asistimos al fin de este modelo capitalista, lleno de aciertos y de errores.

A partir de los modelos económicos enunciados se han desarrollado los conceptos de extrema izquierda y de extrema derecha. A partir de bandazos y de cambios de conceptos para el manejo de los pueblos, se ha abierto camino, en ambos bandos, la capacidad de soborno y la corrupción.

La extrema izquierda, el comunismo, y la extrema derecha, el capitalismo, se dan la mano por detrás. Ambos buscan los mismos fines y para ello utilizan las mismas herramientas y estrategias. Nos damos la mano por detrás en aras de los beneficios particulares, de los negocios oscuros y del silencio por lo que logramos.

La gran sociedad mundial actual reclama una nueva estrategia económica, más justa, más racional. El mundo gira hacia un modelo de economía social de mercado. Algo que recoja lo bueno de cada modelo, una estrategia que produzca soluciones justas y equitativas.

La economía social de mercado es un orden social, económico y político integrado, centrado en el hombre, en el que, la política económica y la política social son simultáneas. Construida sobre una base más justa, no habrá campo para la corrupción. Su objeto es el logro del Hombre más humano. Con menos angustias existenciales.




11 de febrero de 2016

EL DAÑO EN LO HUMANO

La sociedad es una construcción del hombre, porque este en su estado de indefensión tiene que recurrir a sus semejantes como estrategia de supervivencia. El agregado de seres humanos a cualquier comunidad tiene dos sentidos, el del compromiso para que sus pueblos se desarrollen o todo lo contrario.

Realizar actos en beneficio social conduce al deseo de una coexistencia y de una tolerancia. La polarización en que se suele incumbir cuando se presentan partes diametralmente opuestas, en apreciaciones y criterios, se ha convertido ya en un serio problema socio político, en donde reinan las pasiones más que las razones. Se impone así el detrimento de las sociedades, en su forma mas explicita, el daño.

Es difícil decir quién hace el mayor daño: los enemigos con sus peores intenciones o los amigos con las mejores. Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere.  El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos.

Aristóteles hace en su libro de la Ética de Nicómaco  una reflexión sobre la amistad. Dice “Sin amigos nadie querría vivir, aunque poseyera los demás bienes, porque la prosperidad no sirve de nada si se está privado de la posibilidad de hacer el bien, la cual se ejercita, sobre todo, respecto de los amigos. Asimismo, en los infortunios se considera a los amigos como único refugio”.defiende que algunos creen que para ser amigos basta con querer, como si para estar sano bastara con desear la salud. Para ser amigos se debe evitar el daño humano. Es una forma conciente de vivir en sociedad. Si alguien daña a otra persona, esta dañando a la sociedad misma, esta violando todos los derechos sociales. Ante esta necesidad hay que cuidarse de los excesos en el actuar y en el sentir.

El daño humano se refleja en la Ley misma. El hombre la ha creado para evitarlo, porque la ley reconoce el fin justo y útil, pero puede acontecer que en ciertas circunstancias se tornen injustas en algunas consecuencias. Solamente la ley tiene el poder y la obligación de limitar las actividades del ser humano mientras estén dentro de los límites de lo correcto y de la defensa de la integridad del hombre.

Por lo tanto el hombre debe saber de antemano que es lo que puede hacer y lo que no, fijándose a través de la ley si va a producir el daño o no. El daño puede ser material, intelectual o daño ideal.

Frente al daño se encuentra el castigo, este es una forma clave de control social, con la explícita función de corregir el comportamiento de los individuos. El no cumplimiento de la Ley conlleva un daño social. El análisis sobre los problemas del daño, la responsabilidad y la reparación varía con cada horizonte de época. Hoy debe verse el daño humano como el resultado de una convergencia de elementos como el hecho, la causalidad y la culpa y de este, la indemnización que merece la victima ante el injusto sufrido con el fin de concretar el ideal de justicia humana.


No se puede hacer daño al hombre, su condición de ser integro e irrepetible lo determina en su exigencia de merecer respeto y acatamiento. Es una forma de vida más racional y de más sentido social. El hombre debe vivir dignamente y ser valorado para evitarle dañar la sociedad.

2 de diciembre de 2015

LA DISCRECION

La mesura hace parte de la sabiduría del hombre, porque en cada uno de sus actos sabe plasmar lo que le conviene a los demás sin herirles y porque sabe que las heridas de los humanos producen grandes daños a la persona misma y también a la sociedad a la que pertenece. Hace parte de la sensatez y del tacto para actuar, hablar y opinar.

En cada horizonte de temporalidad aparecen los hombres sabios y los hombres necios. Todos hacen parte de la realidad social en aquel periodo de tiempo. Los sabios pertenecen al conjunto de los mesurados, de los que tienen reserva o cautela para no decir algo que se sabe o piensa. La mesura encierra la discreción, la moderación y la compostura.

La discreción es una cualidad escasa en el ser humano, pero es de gran significado para la coexistencia pacifica de la gente y de las comunidades. Lope de Vega aseguraba que “nunca el honor se perdió mientras duró el secreto”, pero, claro, difícilmente entenderá el indiscreto el significado de tan simple sentencia. Como tampoco asimilaría a Baltasar Gracián, cuando afirmaba que “la discreción en el hablar importa más que la elocuencia”, ni siquiera a Richelieu cuando aseguraba que “hay que escuchar mucho y hablar poco para gobernar bien un estado”. 

Somos parte de un engranaje social que nos exige prudencia en el hablar, porque siempre hay más gente de la que se imagina escuchando y siempre suele ser la quien tiene menos que oírlo. El talento para ser discreto se logra a partir del saber, lo todo y decir, lo poco, en otras palabras, saber lo que se ha de decir de lo que se sabe.

La institución de situaciones trascendentales para la especie humana ha de ser manejada a partir de la discrecionalidad de los dirigentes. Cada momento esta determinado por la posibilidad de error o de acierto y es necesario echar mano de una buena dosis de cordura, como estrategia para evitar el daño social.

En la vida cotidiana, las relaciones entre las personas tienen un componente de comunicación, el cual debe estar alimentado de la información que solamente requiere cada una de las partes. Cuando se falta a la discreción se comunica todo sin medir las consecuencias. Es el gran error del necio mencionado inicialmente.

Me queda una reflexión sobre mi gente: tengo amigos que tienen además otros amigos y estos otros, tienen otros amigos, esta conciencia me genera la necesidad de la discreción. Cuando se es discreto se es mas humano. Se es más sobrio de pensamiento y de actuar. Es el reto de los hombres que procuran el bien para los demás, sin detrimento de su esencia y de su yo.

Ser discreto es un deber social, hace parte de la responsabilidad de la especie humana que construye el mundo del mañana y hace parte de la conciencia social.

Verdad que somos discretos?

27 de octubre de 2015

RETO DE LOS AÑOS

Van pasando los años y ya no alcanzamos a contarlos, solo sé que tenemos menos tiempo para vivir pero que todavía nos quedan verdaderos retos. Al comienzo de la vida tenemos una bolsa llena de caramelos y queremos comerlos de una vez. Cuando empiezan a escasear detenemos la velocidad de ingestión y comenzamos a saborearlos en una forma pausada y de máxima degustación.

El hombre va tejiendo su quehacer cotidiano y deja su obra, buena o dañina, en la edad dorada de la juventud, otros la llaman la tercera edad, término que acuño como el que más se aproxima al momento que vivimos, los que  nacimos hacia la mitad del siglo XX.

Al final llegamos a la misma concepción de Mario Andrade (Poeta, novelista, y ensayista Brasileño). Un alto para que hagamos realidad aquella concepción.

“Ya no tengo tiempo para  reuniones interminables, en las que se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se conseguira nada.
Ya no tengo tiempo para soportar personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para perderlo con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilan ‘egos’ inflados.
No tolero a los manipuladores ni a los aprovechados.
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus puestos, sus talentos y sus éxitos.
Detesto, si soy testigo, los efectos que genera la lucha por un cargo importante.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos, si acaso...
Mi tiempo es escaso como para discutir  títulos.
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…
Con pocos caramelos en la bolsa...
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reírse de sus errores.
Que no se vanaglorie con sus triunfos.
Que no se considere elegida antes de tiempo.
Que no eluda sus responsabilidades.
Que defienda la dignidad humana.
Y que desee únicamente caminar al lado de la verdad y de la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena vivirla.
Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas …
Gente a quien los duros golpes de la vida, le han enseñado a crecer con suaves caricias a su alma.
Sí… tengo prisa… para vivir con la intensidad que nada mas que la madurez puede dar.
Pretendo no mal emplear ni tan solo uno de los caramelos que me quedan.
Estoy seguro que serán más exquisitos que los que me he comido hasta ahora.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres estimados, y con mi conciencia.  
Deseo que la tuya sea la misma, porque, de cualquier manera, también llegaras..."

4 de octubre de 2015

LA RISA y LA SONRISA

Por: Henry Gallo Flórez

Hay risas de amor y de dolor, igual que las sonrisas, que son el espejo del alma del humano. Cuando la tristeza embarga el ánimo, se ríe en medio del llanto. Pero cuando la felicidad es quien domina el espíritu en el alma humana, se ríe a carcajadas y se despeja y explota la garganta y la boca se muestra en su esplendor.

Reír es fuente de vida, es el gozo o el dolor que aflora, en un momento que emociona el ánimo de quien sintiendo placer lo reconoce o grita en medio de la risa, cuando siente el dolor punzante de la desesperación en la miseria que se acompaña con tragedia.

Ríe también el desquiciado, que ha perdido su conciencia y con mueca risueña demuestra en su amargura, que requiere de compasión o de ternura. La locura, se apodera de su mente, y en los momentos tristes enarbola una sonrisa transfigurada en gesto de dolor. Es el paciente de la miseria, ser incomprendido, que arrastra su final.

En los actos heroicos, el valiente se ríe del destino y enfrenta la realidad con estoicismo. Si muere, generaliza su sonrisa, ya sea en el campo de batalla o en el cadalso que le otorga su enemigo.
Pero la más ecuánime sonrisa es del ser amado, cuando nos mira y nos regala en ella su cariño, su amor, su comprensión o su deseo.

Vivimos pues en un mundo de sonrisas, buenas o malas, nos da lo mismo, porque ver reír la gente cuando ama o cuando llora, nos demuestra que son seres con corazón, que en sus conciencias se encuentra la humana convicción, que los hace distintos a los demás seres que pueblan este mundo.
Los animales, como los simios también ríen, pero no por convicción, sino por animalismo. Su sonrisa es sarcástica o bufa y no deja entrever sus pensamientos, ni su racionalidad, pues aparentemente carecen de ella. Son gritos lastimeros, llenos de angustia y no de sentimientos.

Qué decir de la risa de los niños o de la sonrisa del bebe cuando nos mira. Es el alma del humano mismo, aunque ésta en la razón no exista. La risa de los niños es algo bello, es la candidez llevada a la máxima expresión. Sus risas suenan como canticos en las aleluyas de los monasterios y de los templos que elevan las plegarias, pero que no reciben respuestas a sus ruegos, pero les dejan a los fieles la ilusión y el anhelo de suplir sus sueños.

Pero la más bella sonrisa, es aquella de la madre al ver a sus retoños cada día y al contemplar su obra dejada para que en ella se prolongue la existencia y sus genes lleguen a  nuevas vidas.

La sonrisa es la compensación a los dolores, a la fatiga y a la lucha inclemente, a la laboriosidad en nuestras vidas. Sin ella el mundo sería triste y acabaría muy pronto nuestras vidas, porque no habría compensación por nuestras obras, ni se reconocería con ella el cariño, el amor y la ternura.

La risa se convierte en risotada, como en aquel verso al payaso Garrid, cuando el poeta expresa con dolor en su obra - Reír Llorando -, que “hay que aprender a reír llorando y también a llorar a carcajadas”.


Envigado, septiembre 24 de 2015.

28 de septiembre de 2015

EN NUESTRAS MANOS

Editorial 26 de septiembre de 2015. El Espectador Colombia

El demonio, como dicen, está en los detalles, y a los acuerdos todavía les falta cincelar muchas particularidades que causan justas tensiones, tanto en Cuba como en Colombia. Pese a esto, la propuesta que el Gobierno y las Farc le hacen al país está cada vez más clara y los aportes de cualquier índole son bienvenidos, siempre y cuando sean eso: propuestas para mejorar lo pactado, no para destruirlo.

Por primera vez, desde que el gobierno de Juan Manuel Santos comenzó a negociar con las Farc, la pelota está en la cancha de todos los colombianos. Hay algo que, pese a todos los grandes retos que aún faltan por superar, parece cierto tras el anuncio del pasado miércoles en La Habana: habrá, con un altísimo nivel de probabilidad, un acuerdo para terminar el conflicto armado de más de medio siglo con la guerrilla más vieja del país. Lo que está por verse, sin embargo, es si todos los actores de la sociedad están dispuestos a dejar a un lado los discursos de guerra para ayudar en la construcción de una paz que, si no es de todos, simplemente no es viable.

El demonio, como dicen, está en los detalles, y a los acuerdos todavía les falta cincelar muchas particularidades que causan justas tensiones, tanto en Cuba como en Colombia. Pese a esto, la propuesta que el Gobierno y las Farc le hacen al país está cada vez más clara y los aportes de cualquier índole son bienvenidos, siempre y cuando sean eso: propuestas para mejorar lo pactado, no para destruirlo.

La pregunta previa que todos debemos hacernos antes de intervenir en este debate es esta: ¿estamos dispuestos a apostar por este esfuerzo concreto para hacer posible entre todos la construcción de un país distinto? Porque, más allá de toda la retórica sobre la paz —ese derecho fundamental que nuestra Constitución carga en su artículo 22 y siempre ha sido, a la vez, una promesa y una súplica—, lo que produjo la mesa es una base concreta que ha de llevar a la dejación de las armas y la transformación de las Farc en una fuerza política legal. 

Si eso va a traer la “paz” es un tema importante, pero sus consideraciones no son prácticas. La erradicación de la violencia y la desigualdad social, así como la reparación de las heridas que el conflicto ha causado, no terminan en la firma de un papel, pero sí pueden empezar ahí. De nosotros depende.

En ese sentido, es importante que la oposición recuerde que el disenso puede usarse para construir, para mejorar. Y no sólo les estamos hablando a partidos políticos particulares, sino a todas las personas que tienen reparos, preocupaciones o simple incomodidad frente al avance del proceso. Aunque el acuerdo no sea perfecto a sus ojos, sí necesita de su participación.

No son útiles —ni ciertos— los discursos fatalistas que hablan de una rendición del Estado ante las fuerzas terroristas. El acuerdo, de hecho, es una apuesta por fortalecer las instituciones democráticas para garantizar su subsistencia. Y ha sido tejido de la mano de una comunidad internacional que tiene elevados parámetros de verdad, justicia, reparación a las víctimas y garantías de no repetición.

Entendemos que estamos próximos a unas elecciones regionales y que mucho de lo que se dice busca un efecto en ellas. Si es mucho pedir un cambio inmediato, al día siguiente de las elecciones podrían comenzar a pensar en el país que nos merecemos.

Nuestro compromiso desde estas páginas seguirá siendo el mismo que nos fundó en 1887: aportar con nuestras ideas a enriquecer la discusión que nos permita tener un mejor país. Hoy en verdad creemos que, si seguimos haciendo las cosas bien, le daremos a Colombia una nueva oportunidad de existir sin definirse a partir de la violencia. Esa es una apuesta que no podemos dejar de hacer todos los colombianos.


http://www.elespectador.com/opinion/editorial/nuestras-manos-articulo-588911

21 de agosto de 2015

SERES HETERÓNOMOS

El ser humano existe durante un tiempo muy breve y a través de este puede darse cuenta, en una mínima parte, del mundo y del universo al cual pertenece; por ejemplo durante su camino de vida puede comprender la forma dicotómica de todo lo que le rodea.

Siempre en nuestra conciencia nos estamos moviendo entre dos opuestos, quiero decir, entre la luz y las tinieblas, la expansión y la contracción y así sucesivamente en la infinitud de casos de la existencia. Nuestro comportamiento también está enmarcado dentro de la dicotomía del mundo, porque los actos humanos pueden ser realizados desde la autonomía o desde la heteronomía.

Existen seres autónomos, los que se valen por sí mismos, toman sus propias decisiones, no dependen de nadie y construyen formas de liderazgo y de conducción y por ello son los que dejan a las generaciones posteriores un legado para el manejo propio de la vida. La gestión es realizada en forma independiente y no requieren de apoyo ni de actos extraños que apuntalen su proceder.

Otros, son los seres heterónomos, los que son manejados desde afuera, porque sus actuaciones y decisiones dependen de los semejantes que se mueven en su entorno, en este caso todos tienen mente pusilánime que pueden ser moldeadas por personas ajenas con intereses particulares y confusos.

Desde la construcción del ser, creo debemos tener nuestra autonomía porque ésta nos permite hacer uso de la libertad, uno de los grandes derechos del hombre. Cualquier ser humano establecido en cualquier sociedad tiene una cota de libertad, las acciones que puede hacer y las expresiones que puede manifestar y, asimismo, unas imprescindibles posibilidades por difundirlas, en una realizable libertad pública o social, que depende de sus recursos.

El ser heterónomo ata al hombre, lo somete al vaivén de las actuaciones del otro y encadena su pensamiento y su acción a otras formas que le hacen daño y acortan su camino de triunfo en la vida, por lo tanto vive según reglas que le son impuestas y que en el caso del ser humano se soportan contra la propia voluntad.

La ignorancia de las formas de actuar en el ser humano conduce a que otros más avanzados y autónomos se ensañen contra la forma de ver el mundo de aquellos faltos de conocimiento y de decisión y es por ello que la capacidad para sentirse culpables sea el estigma de su vida.

Desde el ser autónomo o desde el ser heterónomo podemos deducir cómo vivimos e interaccionamos con el mundo, dando paso al determinismo, causa-efecto y desde este concepto se puede predecir el resultado del acto que se realiza. Vale el hombre por su grado de autonomía y responsabilidad de pensamiento.


El determinismo autonómico permite el comportamiento humano desde el libre albedrío, y desde éste puede construir su mundo responsable y rodeado de sinceridad. El heteronómico es de manipulación y de actos cuestionados por sus niveles de inconsciencia y adaptación.

21 de junio de 2015

EL EJERCICIO DEL PODER

Ya desde sus inicios, una vez se formaron las primeras sociedades, la humanidad vio la necesidad de organizar el ejercicio del poder, con el fin de facilitar el gobierno de las primeras comunidades. Entonces surgió la política.

Si nos atenemos a los tratados sobre la historia de la humanidad, encontramos que este arte fue adquiriendo refinamiento con el transcurso de los tiempos.

Como quiera que nuestra civilización tiene sus orígenes en Grecia, pues es hacia allá adonde debemos remontarnos para encontrar su significado y su orientación. Más aún, su etimología tiene su génesis en la cultura griega, en donde tomó arraigo gracias al tratado homónimo de Aristóteles.

No obstante, los inicios de la política se remontan al neolítico, cuando la sociedad comenzó a organizarse en un sistema jerárquico y ciertos individuos adquirieron poder sobre los demás miembros de la comunidad. Antes de esto, el poder residía en quien tuviera mayor fortaleza física o en el más inteligente del grupo. Algunos teóricos aseguran que este tipo de organización también puede ser considerado como una forma de política, por lo que se podría afirmar que la política es tan antigua como la propia humanidad.

Los sistemas políticos de la antigüedad eran generalmente absolutistas ya que la totalidad del poder se encontraba en manos de un único sujeto. En Grecia, existían también algunas ciudades-estado donde se practicaba una democracia parcial y se llevaban a cabo asambleas. Sin embargo, es a partir de la Revolución Francesa cuando el esquema político experimentó un cambio significativo, porque desde ese momento se instauraron regímenes con características democráticas, donde la toma de decisiones debe responder a la voluntad general.

Empero, no siempre se logra ese ideal democrático de un gobierno “del pueblo, con el pueblo y para el pueblo”, objetivo primario de la democracia, pues son muchos los gobernantes que en la historia de cada nación han sido, que interponen sus propios intereses y los de sus allegados familiares o de secta, a los del pueblo que los eligió, Y, entonces, la democracia en este tipo de países se convierte en un simple juego electoral, pues la codicia, la avaricia y la soberbia (éstas sí, pasiones del alma -y de las más negativas-) se convierten en los paradigmas de la política.

Lamentablemente Colombia está dentro de esa extensa lista de países con una democracia de papel. Es decir que sólo existe en la Constitución Política, pero no se pone en práctica.

Y lo que es peor, estos gobernantes, no contentos con haber administrado con intereses mezquinos (y hasta haber llegado a cometer desafueros e incluso delitos), al dejar el gobierno su sed de poder puede más que la vergüenza y la dignidad e insisten (mediante frases melifluas) en ponerle palos a la rueda gubernamental de su sucesor, con el único ánimo de convertirse ante los miopes ojos de sus parciales, como el único capaz de salvar del caos a la nación que dejaron en un desbarajuste impresionante. De tal magnitud, que muchos de quienes fueron sus colaboradores están en la cárcel o están haciendo cola para ser juzgados; aun cuando no faltan los fugitivos.

Como dijera Aldous Huxley, literato británico, “Cuanto más siniestro es un político, más pomposo es su lenguaje.”


http://www.maganguehoy.com/index.php/editorial/2032-el-ejercicio-del-poder

8 de junio de 2015

DOCTOR, SOY MORTAL

La obsesión de la medicina moderna por prolongar la existencia puede recortar la libertad de las personas en la última fase de sus vidas.

Joseph Lazarov padecía un cáncer de próstata incurable. Un día su pierna se paralizó y fue hospitalizado. La enfermedad se había extendido a la columna. Pese a que no existía la posibilidad de una recuperación razonable, que le permitiera una calidad de vida aceptable para él, quiso someterse a una operación de alto riesgo para extirpar la creciente masa tumoral. “No deis mi caso por perdido”, suplicó a los médicos.

La intervención fue técnicamente perfecta. Pero supuso el detonante de decenas de molestas y dolorosas complicaciones (fallos respiratorios, infecciones, coágulos, hemorragias…). El paciente, de sesenta y tantos años, pasó sus últimas horas postrado en una cama en una fría sala de cuidados intensivos, entubado. Todo salió mal. Murió 15 días después. “Le torturamos durante dos semanas, y luego murió; pasara lo que pasara, lo cierto es que no podíamos curarle”, reconoce Atul Gawande, uno de los cirujanos que le atendió, hace ya una década.

El paciente no estaba preparado para morir, ni sus médicos supieron cómo hablar con él sobre la verdad de su estado, a pesar de que las consecuencias de la operación eran muy previsibles. “Aprendí muchísimas cosas en la facultad, pero la mortalidad no figuraba entre ellas. Nuestros libros no decían casi nada sobre el envejecimiento.

A nuestro modo de ver, y al de nuestros catedráticos, el objetivo de la enseñanza de la medicina era que aprendiéramos a salvar vidas, no a cómo ocuparnos de su final”, afirma Gawande, también profesor de Harvard, en la introducción de Ser mortal, la medicina y lo que importa al final (Galaxia Gutenberg). El libro, publicado en España el mes de marzo, refleja uno de los grandes debates actuales: el papel de los médicos en un mundo en el que cada vez más gente vive hasta bien entrada la vejez.

Los importantes avances registrados en medicina en el último siglo han proporcionado gran parte de la humanidad una existencia mejor y más larga. En 1790, las personas de 65 años o más suponían menos del 2% de la población en Estados Unidos; hoy son el 14%. En Alemania, España, Italia y Japón, rondan el 20%. China se ha convertido en el primer país del mundo con más de 100 millones de personas ancianas. Y las cifras van en aumento. Pero existe cierto consenso en que, en más ocasiones de las deseadas, se llevan demasiado lejos los intentos por prolongar la vida y se habla poco con el paciente sobre sus preferencias.

La definición de cómo debe ser la última parte de nuestra existencia está en el centro de un intenso debate. Frente a la creencia de que vivir muchos años suele dar la felicidad, cada vez se pone más el énfasis en que no todos aspiran a batir marcas de longevidad. “Somos criaturas mortales, con cada vez menos salud, y debemos aspirar a tener la mejor vida posible hasta el final. La medicina debe ayudar en ese proceso. Hemos medicalizado la última fase de la vida, que cada vez dura más años. La gente tiene más objetivos aparte de vivir más”, explica Gawande en una entrevista telefónica desde Boston, donde vive y trabaja.

¿Morir en casa o en el hospital? ¿Reanimación en caso de parada cardiorrespiratoria? ¿Suministro de antibióticos si se detecta una infección, pese a que se trate de un enfermo terminal o de muy avanzada edad? ¿Afrontar los riesgos asociados a una operación o vivir fuera de un hospital los últimos meses? ¿Vivir menos pero con mayor calidad de vida o ir tirando? Las respuestas son extraordinariamente personales y únicas y deben de ser respondidas. Iona Heath es una de las profesionales de la salud que han analizado las repercusiones de la negación de la muerte para el paciente.

En un libro de referencia en este tema, Ayudar a morir (Katz Editores), la médica británica cita un estudio esclarecedor al respecto, realizado en Estados Unidos entre pacientes con cáncer avanzado y demencia avanzada: en el 24% de los casos se intentó reanimar al moribundo, mientras el 55% de los pacientes con demencia murieron con los tubos de alimentación. “Uno de los encuentros más desafortunados de la medicina moderna es el de un anciano débil e indefenso, que se acerca al final de su vida, con un médico joven y dinámico que comienza su carrera”, explica la doctora de familia.

Uno de los efectos del enorme avance científico es que la muerte se ha trasladado a los hospitales. La gente fallece rodeada de máquinas y de profesionales sanitarios a los que no conoce. En 1995, la mayoría de los fallecimientos en Estados Unidos se producían en el domicilio; en los ochenta, solo el 17% de los casos. La tendencia en Europa es similar. “La medicina actual ha convertido las vidas cortas y las muertes rápidas del pasado en unas vidas largas y unas muertes lentas”, según el psicólogo Ramón Bayés, profesor emérito de la Universidad Autónoma de Barcelona de 84 años, y estudioso de la salud (oncología, sida, envejecimiento y cuidados paliativos), que también ha escrito sobre el tema. El problema es que la posibilidad de demorar el proceso de morir se ha convertido, en muchos casos, en el objetivo a alcanzar.

Bayés cita un ejemplo de este cambio de paradigma: “Un campesino viudo que durante su larga existencia ha vivido siempre en un entorno familiar físico y afectivo le sobreviene un derrame cerebral y una ambulancia lo traslada con rapidez a un gran hospital de la ciudad, donde muere solo, en un lugar extraño, en ninguna parte”. Hace 50 años, casi con toda seguridad, habría muerto en casa.

Cristina Galindo

http://elpais.com/elpais/2015/06/04/ciencia/1433408846_350341.html